Aquello que no decimos…

Resulta, pues, que en nuestro afán de arrojar al olvido todo aquello que no decimos, lo terminamos haciendo preso de nuestros sentidos.

Todo aquello que no se dice lo acumulamos en cada fibra interna de nuestro ser.

Lo sellamos y encerramos.

Lo apretamos, lo comprimimos para hacernos creer que desaparecerá en algún momento, sin saber realmente que creamos una súper nova de tormento.

Todo aquello que no se dice, aquello que no soltamos, se retiene en nuestro interior y nos mentimos respecto a que ya no existe.

Negamos la realidad, intentamos creer que lanzamos al vacío eso que no decimos…

Intentamos matar esas palabras, esos pensamientos, esos sentimientos ahogándolos en nuestro interior. Pero lo cierto es que nos mata por dentro.

Nos carcome y amarga

Nos tritura y sangra

Intentamos andar por la vida sin vernos erráticos, sin que se noten las heridas que tragamos, hasta que detonamos.

Porque… entonces. ¿A dónde más va todo aquello que no se dice?

¿En donde se pueden verter las palabras nunca dichas?

¿De que forma entonces se puede sanar un cuerpo lleno de cosas no dichas?

Porque todo aquello que no decimos, no muere en el olvido… nos mata.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.