Una flaca romántica al extremo

Cada vez que tu voz me toca,
(Mira que no hago bromas)
Me haces vomitar.
Uno. No sabes mis gustos.
Dos. No pretendes saberlos.
Veo el mar y su vaivén,
tocas la armónica,
y lentamente mi alma
¡déjame decírtelo!
Envejece.
Mira, es verdad, yo te quiero.
¿Y cuánto preguntas? Por favor, deja de cantar.
No quiero que tu voz me toque,
ni tus pies tibios
o tus manos siempre ardientes,
Quiero más bien…
que me haga estallar,
¡como una cometa en el cielo!

Un suspiro.

Nada más eso pido.
Porque así, solo así, entendería,
que no me evocas… solo desnuda,
y que me quieres,

¡que tú realmente me quieres!

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