Choco Floff

Una gorra descolorida negra, las deportivas destartaladas blancas, los pantalones sucios — Choco Floff tiene veintiuno años. Podría decir que su cara gastada tendría más años… su mono de peluche que cuelga sobre su cuello sin fuerzas implicaría otra historia. Choco (su nombre de la calle) es uno entre los miles de chicos quienes se encuentran por las calles de La Paz. Terminó la escuela cuando tenía doce años y hace cuatro años descubrió Hormigón Armado. Cada día se esfuerza por ganar un sueldo limpiando los coches a los semáforos o vendiendo Hormigón Armado, El Periódico de los Lustrabotas en el centro de la cuidad. La polución que producen los coches y minibuses viejos es terrible, por no hablar del nivel de conducir, así que su trabajo sea bastante precario.

¡Sobre todo, Choco le encanta el Hip-hop! Se puede ver la chispa de la vida en su música, sus ritmos, sus rimas. Su ambición es hacer un CD con otros raperos por La Paz y El Alto. Escribe sus propias letras sobre las temas que les importa, por ejemplo el tráfico de personas y las mujeres maltratadas. Me da una impresión y, en serio, tiene un talento. Sus palabras son sinceras, reflexivas y lo más importante es que durante estos dos minutos esté contento, tenga confianza y su auto-estima. ¡Sea como sea, Choco me explicó que su Hip-hop ‘complementa su vida por las calles y se ayudar a pensar en el futuro!’

… ojalá pudiera pintar una imagen tan optimista. El domingo fui con mi familia a una heladera después del almuerzo. Repentinamente Choco estaba allá, pidiendo con unos dulces, drogado con la clefa, que es la droga preferida (más barata) por la gente de la calle. Fue una realización horrible para mí que mi trabajo aquí con Hormigón Armado no sería tan simple ni exitoso. Enfrente de mi familia anfitriona y los otros clientes en la heladera, Choco se comportaba en contradicción de todos los principales del organización: la dignidad del oficio de lustra calzados, los derechos humanos de acceso a una atención adecuada en salud, y incrementar significativamente el auto estima y calidad de vida. Choco (quien no quiere su foto en mi blog) es uno de los peores con más problemas de drogadicción y un muy bajo nivel de la educación pero, sobre todo, me parece increíble que tengamos la misma edad. ¿Qué tenga tanta suerte en mi vida y qué Choco tenga tan poco?

A faded-black baseball cap, tired white trainers, dirty trousers — Choco Floff is twenty-one years old. You might say that his weatherworn face makes him look older… the fluffy monkey toy that hangs limply around his neck tells another story. Choco (his street name) is one amongst thousands of guys who find themselves on the streets of La Paz. He left school when he was twelve and four years ago he discovered Hormigón Armado. Every day he strives to make a living cleaning cars at traffic lights or selling Hormigón Armado, The Newspaper of the Shoe-shiners in the city centre. The pollution produced by the beaten-up cars and minibuses of La Paz is terrible, let alone the standard of driving, such that his work is really precarious.

Above all, Choco loves Hip-hop! You can see the sparkle in his eye through his music, his rhythms, and his rhymes. His ambition is to make a CD with other rap artists in La Paz and El Alto (the largest district of La Paz). He writes his own lyrics about themes that are important to him, for example, people trafficking and the abuse of women. He gives me a rendition and, seriously, this guy has a talent. His words are sincere, thoughtful and most important of all, for those two minutes he is happy, confident and full of self-belief. Come what may, Choco explained to me that his Hip-hop ‘complements his life on the streets and helps him to think in the future.’

… If only I could paint such an optimistic image. On Sunday I went with my family to an ice-cream parlour after lunch. Suddenly Choco was there, begging with some sweets, stoned from la clefa (a type of glue), which is the drug of choice (the most cheap!) for the guys on the streets. It was a painful realisation for me that my work here would be neither simple nor necessarily so successful. In front of my host family and the other clients in the ice-cream parlour, Choco was acting against all the principles of the organisation: the dignity of the office of shoe-shining, the human right of access to adequate medical attention, and the significant improvement to their self-belief and quality of life. Choco (who doesn’t want his photo in my blog) is one of the worst with a serious drug addiction and a very low level of education but, above all, I find it incredible that we are the same age. Why am I so lucky with my life whilst Choco has so little?