La odisea de dar vida a un ciervo

Jägermeister quería crear un proyecto en el que se destacarán dos ideas. La primera, que fuera innovador y que se pudiera implementar de una manera en que se demostrara que Jägermeister trata de ir un paso adelante sin ser indiferente a nadie. Por el otro, debía ser un proyecto que claramente llevará incorporado el ADN, los valores y la personalidad de éste.

El camino que va de la ocurrencia inicial al acabado final no es nada fácil, pero sí es muy hermoso; un proyecto cuya dificultad estaba a la altura de sus ambiciones: hacer animación con tatuajes. Tinta y piel real. En movimiento. ¡Hacer animación con tatuajes!

Si la idea es brillante, el resultado también tendría que serlo. Entonces, ¿cómo es que nadie lo había hecho antes?

No siempre la opción fácil es la más hermosa. De hecho, suele ser todo lo contrario. Por eso, a veces vale la pena complicarse la vida en un proyecto en el que hay que coordinar a distintos departamentos, poner de acuerdo a diferentes creadores y contar con la complicidad de muchas personas ajenas a la profesión.

Se trata del trabajo realizado por McCann, Barcelona para Jägermeister: el primer corto de animación hecho con tatuajes reales. El sueño de cualquier anunciante es que sus clientes se tatúen su marca en la piel. Por primera vez, esta utopía se hizo realidad.

Hunt or Be Hunted un proyecto nunca visto para el que se ha necesitado un año de trabajo y que tiene como resultado un spot rodado por Ernest Desumbilla de la productora O.

La campaña Hunt or Be Hunted para Jägermeister es una de esas odiseas profesionales

Cuando el proyecto aterrizó en las oficinas de O, nuestra productora Fiona Vidal-Quadras pensó que era imposible encontrar doscientas personas para tatuarse de por vida algo que ellos no iban a decidir si era inverosímil. Hacía falta, confianza ciega en la marca y el diseño. La reacción de Nadala Fernández fue similar cuando se sumó al proyecto como productora: “¡Ai que patirem!” Pero como se trataba de un reto y algo nunca hecho, sufriríamos con gusto.

Pau Castejón, director de fotografía, Lluís Murúa, editor y Yukio Montilla, coordinador de post-producción, coinciden en recordar que la primera vez que se les explicó el proyecto lo primero que les pasó por la cabeza a todos es que “era una locura”. Aunque también, “el proyecto era muy innovador”.

No hay que perder de vista que todo este experimento animado tenía que estar, integrado dentro de una película con múltiples complejidades técnicas además de las de producción. El gran reto estaba en que funcionara el lenguaje de la animación tradicional con tatuajes reales sobre los lienzo humanos. “Era muy complicado — añade Yukio — , aunque Sauvage es una autoridad animando, el soporte no era el habitual con el que se trabaja en animación. Pero salió muy bien”. Y aquí es cuando hay que celebrar también el gran entendimiento que hubo entre los animadores de Sauvage y los tatuadores de Ondo, que supieron encontrar una manera de trabajar conjunta y un idioma compartido entre dos lenguajes totalmente distintos.

Para otros miembros implicados en el proyecto, por eso, la recompensa final de esta aventura es más intangible. Para Nadala, por ejemplo, ha sido “trabajar con un equipo que lo ha dado todo y ha ido solucionando todos los problemas que salían al paso”. Para Fiona, el simple hecho de hacer real un proyectado tan, a priori, descabellado ya es una gran satisfacción: “Que esta cosa imposible se haya acabado haciendo, y se haya acabado haciendo súper-bien, con todos los esfuerzos, variables y trabajo meticuloso que implicaba, es la recompensa. Si fallaba una sola de las columnas que sustentaban el proyecto, se caía todo”. Yukio opina de forma similar: “La mayor satisfacción es que se haya hecho y que estemos orgullosos del resultado final”.

Aunque, para estar orgullosos del todo, hace falta dejar testimonio de todo este proceso. La pequeña pieza documental realizada por María Sosa que adjuntamos aquí, es la que realmente pone en valor el trabajo de todo las personas que han participado en esta película dirigida por Ernest Desumbila.

“En la pieza final nadie cree que sean tatuajes. Mi responsabilidad era dejar claro que detrás de cada frame de animación había una persona real. Es una manera de dar valor, por un lado, al trabajo de Ernest y, por otro, de agradecer y respetar a la gente que se tatuaba algo que no iban a saber lo que era, que es muy fuerte. No queríamos tratarlos sólo como un trozo de carne.”
— María Sosa

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