El futbol solo debería medirse en momentos

Nuestros padres discuten vorazmente por deducir si Edson Arantes do Nascimento es mejor futbolista que Diego Armando Maradona. O viceversa. Nosotros lo trasladamos al duelo entre Lionel Messi o Cristiano Ronaldo. El punto es encontrar un ídolo, ver si el que hizo un gol de tiro libre es más crack que el que realizó uno de taquito. Deberíamos medir el futbol en momentos y no es individuos.

No podemos cuantificar con una simple estadística el valor de un futbolista dentro de la cancha. No podemos nombrar al “Mejor futbolista del mundo”, solo porque marcó tres goles en un solo partido. Hace unas semanas me decían en Twitter que las estadísticas se las dejáramos a los matemáticos, nosotros teníamos que disfrutar este deporte. Y así tendría que ser en los grandes momentos.

Hoy se cumplen 30 años de aquel momento en donde la Selección de Argentina y ‘El Pelusa’ pasaron a la historia por marcar dos goles que serán recordados por siempre: La afamada y jamás igualada “Mano de Dios” y el imitado, pero irrepetible “Gol del Siglo”. Los cuales recordamos por ese valor sentimental, más que por dejarle una victoria a la albiceleste.

Por qué discutimos si es Pelé o D10S el máximo ídolo en la historia del futbol, por qué los medimos como si fueran simples robots, por qué no mejor nos dedicamos a disfrutar cada una de sus obras, en este caso y por la fecha, lo que hizo Diego en el Estadio Azteca pasado el mediodía en la Ciudad de México. Estos momentos nos hacen amar este deporte, estos momentos nos hacen querer dedicarnos a patear la pelota, estos momentos son los que nos dibujan una sonrisa a pesar de no haberlos vivido en carne propia.

La historia ya está dicha. Posiblemente no hay más que contar de estos dos grandes e históricos momentos. Una trampa para algunos. Astucia para otros. Un suspiro para los ingleses, una vida para los argentinos.

Sí, tengamos una afición marcada. Sí, tengamos un modelo predilecto. Sí, pongámonos la camiseta de nuestro equipo favorito. Simplemente dediquémonos a ver el futbol como lo que es, como un show, como un espectáculo en el que podemos adular una gran pieza de la grada de enfrente. No hagamos que una simple discusión se convierta en violencia, algo como lo que sucede actualmente en la Euro 2016. Disfrutemos este deporte. Cantemos de la mano del rival. Admiremos lo hecho por quien no es santo de nuestra devoción.