Argentina huele a brasa
Sí, tengo la fortuna de convivir en los dos lugares, soy Mexicano pero vivo en Argentina, los olores de las cosas no las debemos de obviar, ¿sabes como huele una rosa o una flor? ¿Un campo lloviendo? ¿El pan horneado? ¿El nixtamal o las tortillas? ¿El olor de la carne cuando es cocinada en leña”
A eso me refiero, esa característica tan simple se puede definir un país y una cultura, tal vez no soy sociólogo o historiador. Pero los sabores y los olores, siempre los tengo bien presentes.
La historia del asado argentino data de 1700, cuando los primeros gauchos viajando con sus vacas por la pampa , simplemente comían carne a las brasas, era lo que había y que no falte la madera de quebracho, que le da el sabor único y ahumado a la carne. De historia argentina nos podríamos a poner hablar todo este escrito.
Argentina, son amigos reunidos por el afán de convivir, pelearse por quien prende la brasa, algunos ofendidos por el alcohol, otros por la secadora y todos tienen la mejor forma de prenderlo. El problema es quien lo va hacer.
Ahí es cuando todos nos convertirnos en cocineros, alguien tiene que cuidar la carne, los chorizos, el chinchulin o las mollejas. Ese es el que dicta los tiempos, por que un asado de tira sale primero que él vació. Unos quieren jugoso y otros apunto.
Juntarse con los amigos a comer “asado” como se dice aquí. Es una fiesta, unos preparan las brasas, otros el chimichurri, alguno sirve tragos y otros cuentan historias.
No hay motivo para hacer un “asado”, sé hace con los amigos por pasar un buen rato de risas y de compañía. El sol debe de ayudar y si no hay, tampoco es excusa para disfrutar la carne con los amigos.
En lo personal no soy muy amante de comer o cocinar carne pero aquí es otra cosa, no se si es por la madera de quebracho, el sabor de la carne a la parrilla o que las vacas argentinas coman pasto natural.
Pero en este lugar no se puede despreciar un pedazo de carne y un asado con los amigos, menos.
Por eso digo que Argentina huele a brasa, por su gente disfrutando una tarde de amigos o una cena tan simple como un pedazo de carne, pan y vino. Tan sencillo y perfecto que carece de explicación, no existen los productos importados o las marcas de renombre.
Eso es lo que me hace estar en este lugar, donde cocinar una carne es un arte que lleva su tiempo y el momento correcto. Donde nadie apresura para comer rápido, por que sabe que la espera valdrá todo el tiempo del mundo. Los amigos festejan los grandes sabores y tu disfrutas de conversar de la vida, se hacen presentes recuerdos de antiguos “asados”, pues toda ocasión especial se vivió en un asado familiar.

No se desestima con la cantidad, entre más abundancia y variedad, eso se convierte en una fiesta mayor, el pan y el chimichurri hacen siempre el acompañamiento perfecto, el vino tinto de mendoza y alguna provoleta de vaca para empezar. Todo va bien a la brasa.
Sé que estamos en la época donde todo es malo y perjudicial a la salud, aunque me gusta creer, que sí uno disfruta la comida; no tiene por que causarle un mal. Tal vez en mi vejez me arrepienta de tanto comer, pero por ahora disfruto cada asado con mis amigos y sí alguien cocina lo disfruto aun más.
Que chiste tendría la vida si no nos emocionamos por que nos toco un pedazo de carne al punto que deseamos, que clase de comensal no le agradece al parrillero por su esfuerzo.
Coman lo que ustedes quieran, pero sobre todo experimenten con lo que nunca han probado.
Defa.