La radio en España en 2018

Más ficción, más humor, ¿más política?, reencuentros en la noche y brindemos por el guionista

Un ensayo de la ficción sonora “A sangre fría”

“Mis hijos y yo escuchamos cada fin de semana el A Vivir acurrucados en la cama, pero si nos invitas a veros en directo nos vamos a levantar. Además, quiero que escuchen otra música que no sea la de Operación Triunfo”, le aseguraba una oyente a Javier del Pino durante la emisión en directo del programa desde el Círculo de Bellas Artes. Y es que, aunque parezca una idea muy romántica para estos tiempos tan pragmáticos, la radio -ese medio que no se ve ni se toca ni se huele ni se degusta, que solo se oye o se escucha- sigue “moviendo montañas” cada vez que hace que la vida y las vidas suenen a través de ella.

Este 2018 la radio en España ha perdido ligeramente audiencia, según el Estudio General de Medios. No es nuevo, lo viene haciendo paulatinamente desde 2012, si bien es cierto también que tiene más oyentes que entre 2004 y 2010, por ejemplo. Ha perdido la llamada radio tradicional y el consumo de radio tal y como lo mide el EGM, mientras la radio online crece un 21%, confirmando además que los españoles preferimos, de momento, la escucha de la radio en directo también en internet, según evidenciaba un estudio sobre el comportamiento de los internautas realizado por AIMC.

Mientras se pierden oyentes en un canal y se ganan en otro, la facturación de la radio española acumula un 14% de crecimiento en el último lustro, según reseñaba hace unos días Gorka Zumeta, manejando datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Como también se acumula el consumo diario en minutos para el medio radiofónico, el segundo con mejores datos después de internet, sacándole 5 puntos a la televisión y más de 20 a revistas y diarios.

2018 le ha venido bien a la radio y ha servido para evidenciar que el medio no está en vías de extinción, ni mucho menos, aunque no tenga ya el monopolio de la producción y distribución de audio, la radio sigue teniendo oyentes, volumen de negocio suficiente y capacidad de reinventarse: tiene buenas mimbres. Y, sobre todo, conserva dos de los grandes patrimonios de un medio de comunicación: la credibilidad y el cariño.

Según el Eurobarómetro de febrero de 2018, la radio era el medio en el que más españoles confiaban , con un porcentaje del 74 por ciento de los encuestados y muy por delante de los diarios (65 por ciento), televisiones (57 por ciento), diarios digitales (47 por ciento) y redes sociales 27 por ciento). Una idea que se confirma en otros estudios como el informe Trust in Media, 2018, elaborado por la unidad de investigación de medios de la Unión Europea de Radiodifusión, según el cual la radio es el que más confianza suscita y, así, el 52 por ciento de los españoles aseguran confiar mucho o bastante en ella.

La radio, a las puertas de 2019, sigue siendo un canal de información, entretenimiento y compañía gratuito, además de un soporte publicitario directo y atractivo, un canal al cual hoy puede accederse por los aparatos tradicionales, vía ondas o, gracias a la mediación de internet, en el ordenador, el móvil, la tableta o en la TDT. La radio va en muchas direcciones, escribía Chusé Fernández en Innovación Audiovisual a principios de 2018, todas ellas apoyadas en las nuevas tecnologías, pero todas también complementarias, confluyentes. Lo representaba magistralmente Juan Carlos Ortega, en la Gala de entrega de los Premios Ondas 2018, cuando una Alexa conciliadora le aseguraba a la radio que ambas podían convivir en este nuevo ecosistema.

6 claves para seguir en 2019

El ascenso vertiginoso del consumo bajo demanda, también en cuanto a contenidos de audio se refiere (según el recién publicado Digital News Report 18, el 40% de los internautas en España ha escuchado un podcast en el último mes), está haciendo que la industria radiofónica revise sus estrategias de programación, difusión y marketing de forma lenta, pero, en algunos casos, con visión a medio y largo plazo.

Este 2018 ha sido el año en el que, a pesar de la efervescencia política, o incluso igual casi por culpa de ella, la denominada radio informativa, que creció al calor de la democracia recién estrenada y que ha definido nuestra radio en los últimos 40 años, le ha abierto hueco a la ficción sonora, una de las tendencias de producción y programación que se han asentado en este año a punto de finalizar. A la apuesta encomiable desde hace años, pero siempre minoritaria, de la radio pública por la ficción sonora, se habían ido uniendo algunas producciones puntuales (siempre en épocas señaladas, como la Navidad, o los radioteatros de Juan Cavestany en los primeros años del A vivir, ya en la época de Javier del Pino) y se suma ahora la apuesta firme de Onda Cero, bajo el liderazgo de Carlos Alsina, por la ficción como un componente más de la oferta programática de la radio de mañana, “la niña bonita” de la radio convencional española, y como un recurso que poner a disposición de los oyentes bajo demanda, difundir en redes sociales y otras plataformas de audio o poder exhibir como marca sonora, más allá de “la radio de las estrellas”. “Los usos de la radio están cambiando y también se da una regeneración en el propio formato de la ficción radiofónica”, reconocía Mona León Siminiani en un artículo en El País titulado, precisamente, “El renacer del radioteatro”. Mona León lo sabe bien porque se dedica a demostrar con una solvencia extraordinaria que la ficción sonora ha llegado para enriquecer “la otra antena” de Prisa Radio, la de Podium Podcast.

Llenar la antena de humor ha sido otra de las estrategias de la radio en este 2018. Programas de humor, secciones de humor, colaboradores humoristas… La actualidad no se ve igual con los ojos de El Mundo Today, del Grupo Risa o en la Hora de los Cómicos. Hasta un programa de humor se ha llevado este año un Premio Ondas, La vida Moderna. La SER tuvo clara su apuesta por el humor hace ya un par de años, en un intento por llegar a un público más joven. Casi nada nuevo bajo el sol, como bien saben los programadores. La radio española ha tenido programas y espacios de humor míticos a lo largo de su historia. De hecho, ante el estreno de un nuevo programa de Onda Cero presentado por Carlos Latre, la nota informativa aseguraba que “el objetivo de ‘Surtido de ibéricos’ es recuperar la esencia de los grandes formatos de humor de la radio, adaptándolos a nuestros días”.

Otra de las estrategias que se ha consolidado en este 2018 es la de la desprogramación y el nuevo empaquetado de esa radio río, tan característica de la radio generalista española. Los grandes programas se trocean y se colocan en la nueva “parrilla de programación” de la web, se comparten en las redes sociales, se envían por whatsapp o vía suscripción. Las secciones, entrevistas, reportajes, los montaje sonoros adquieren así una vida propia, incluso más allá de sus estructuras originales.

Además la producción de podcast nativos digitales está sirviendo tímidamente a las emisoras de laboratorio de producción. Y está demostrado que “sí ayuda a posicionar las respectivas marcas en el entorno online al atraer al usuario a sus repositorios digitales”, aunque prioriza aún la cantidad sobre la calidad, pues ni los contenidos ni los tratamientos narrativos suponen una aportación relevante o alternativa frente a la programación convencional, como afirma un reciente estudio publicado por Pérez-Alaejos, Pedrero y Leoz.

En 2019 sería deseable que ese “laboratorio” lo fuera de verdad, incluso para establecer un sistema de planificación y producción a dos velocidades: una para la radio de antena y otra para la radio bajo demanda. Un buen ejemplo de las posibilidades de experimentación y producción en 2018 ha sido “Soñadores”, el proyecto liderado por Almudena Ariza con historias inspiradoras y desarrollado por el Lab de RTVE.

La radio no solo ha hablado de política en este 2018, un tema recurrente y con mucha capacidad de concitar la atención de la agenda mediática, también ha hecho política, ejerciendo como un actor político más, aportando información, dando voz y favoreciendo el diálogo, provocando espacios de reflexión y, en ocasiones, editorializando y posicionándose por encima del sentido común, haciendo más causa particular que atendiendo a la causa (=razón) del periodismo. Además, el cansancio de los oyentes por los temas que se acaban convirtiendo en rutina y muchas veces en información previsible, de carril (como, por ejemplo, el procés o las guerras internas de los partidos) y la repetición de estos temas en los diferentes programas radiofónicos (mañana, tarde, noche, fines de semana) genera un efecto rebote en la audiencia que expresa su rechazo hacia esos contenidos.

En este año 2018 la noche radiofónica ha renacido con la apuesta de la Cadena SER por los programas El Faro y De buenas a primeras y el cambio de horario de La Vida Moderna. Los últimos datos de audiencia en la noche han beneficiado, precisamente, a la cadena líder de la radio española y a RNE, la otra emisora que también ha realizado algunos cambios en la programación de noche y ha consolidado un programa que ya venía siendo referencia, Gente Despierta. La noche se ha revitalizado como lugar de reencuentro, ese lugar en el que “se van encendiendo las voces cuando se van apagando las luces”.

Y con la mirada ya en el 2019, brindemos por el guionista en la radio, esa figura tan mitificada y valorada en otras industrias como el cine, la televisión o los videojuegos, pero apenas señalada y reconocible en la radio, salvo contadas excepciones. Pues bien, en 2018 me temo -y me alegro- que el guionista ha llegado para quedarse a esta radio del siglo XXI y a la industria de la producción sonora aún por desarrollar. Brinden por él, “no le maten todavía”, en este 2018 nos ha regalado momentos memorables a la sombra de alguna de las grandes voces de la radio española.

¡Feliz año 2019! Escuchen la radio, por si acaso.