La radio en tiempos de posescucha

“La radio se produce en la fragmentación, se recrea en cada oyente y cada oyente es el notario de esa realidad suya, intransmisible. La radio es inabarcable porque la rehace en sí quien la escucha. Y por silvestre”. Es una de mis citas preferidas sobre radio y no en vano llevo años encabezando mis apuntes de radio con ella.

La cita del profesor Pedro Barea tiene tantos años como vigencia y actualidad, incluso diría yo que Barea se anticipó con su descripción del proceso de la comunicación radiofónica a la radio del siglo XXI, una radio que se produce, se difunde, se comparte y se consume de manera más fragmentada que en el siglo pasado. La radio, escuché decir en un congreso a Javier Gallego, está en la cabeza de cada uno. “Cada persona es una emisora con patas”.

Ciertamente la radio se posproduce más en la actualidad y su proceso de producción se realiza muchas veces por partes, partes que luego podemos juntar, montar, empastar, pulir y embellecer gracias a los programas de edición de audio. La radio hoy se difunde y redifunde por las propias empresas también de manera fragmentada, fuera de la antena, en paquetes de audio más pequeños extraídos del total de un programa de radio de 7 horas, 4 o incluso de 6 minutos. Empresas y ciudadanos compartimos en redes sociales muchos pedacitos de radio, programas desmenuzados, más fáciles de reenviar, radio seleccionada y con carta de recomendación incluso, para escuchar por primera vez o para volver a escuchar, como se leían una y tres veces los artículos que recortábamos, archivábamos y volvíamos a leer de vez en cuando o compartíamos con quien pudiera manifestarnos su interés por el tema. Es una radio fragmentada, asincrónica, reprogramada, seleccionada para un nuevo tiempo, incluso para una nueva forma de escucha: la posescucha. Una radio que se consume a demanda, desde la parte, más que desde el todo.

Esta radio deconstruida en partes o fragmentos más pequeños, consecuencia de la cultura digital en la que hoy convive y se produce la radio tradicional, en el fondo bebe de su propia historia y de una forma de hacer radio en la que la conversación planificada de una emisora con sus oyentes se basa en macroestructuras –la marca radiofónica, las temporadas, la parrilla de programación- que necesariamente se van construyendo a partir de fragmentos y piezas más pequeñas –los programas de radio (planificados o especiales). Estas estructuras intermedias igualmente se conforman a partir de secciones y microespacios, tiempos a su vez definidos y diferenciados, más pequeños, dentro un programa radiofónico más amplio. Partes de un programa de radio de duración variable (hay secciones de 1 hora y otras de 1 minuto y medio), que suelen tener autoría reconocible, independiente del conductor principal del programa, que pueden organizarse por contenido, género, por estilo o función comunicativa… Como los fragmentos de radio a la carta -podcast- que hoy comparten o colocan en su “nueva parrilla” las emisoras de radio. Esos fragmentos ya independizados de la emisión requieren de un empaquetado y un etiquetado reconocible en el contexto digital, que le pueda facilitar la vida autónoma: la radio fuera de la radio, la radio posradio…

Esa radio que se produce en la fragmentación es, sin embargo, mucho más que una radio hecha a base de pedacitos de historias sonoras. Es sobre todo un ejercicio de recepción y percepción individual, de decodificación sui generis, un acto de la voluntad humana en cuanto a atención e intencionalidad. Y si antes, cuando hablábamos del canal radiofónico, identificábamos siempre claramente sus fortalezas pero también sus debilidades, hoy esas debilidades se transforman muchas veces en oportunidades en la “antena” digital del canal internet, en buena medida porque los sistemas de radio a la carta y el podcasting nos permiten volver a escuchar o posescuchar, una palabra de uso infrecuente en radio frente a la utilización habitual y cotidiana del término y de la función de preescucha, entendida ésta como la escucha previa o la verificación de un sonido o señal antes de su salida a antena. El término posescucha es, sin embargo, de uso común en el aprendizaje de idiomas o en el análisis de discursos orales. En esos contextos se habla de tres fases o secuencias en el proceso de escucha: preescucha, escucha y posescucha. Cada una de ellas conlleva objetivos distintos en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En concreto, la posescucha conlleva siempre un proceso más activo y consciente de recepción y se utiliza para verificar el nivel de comprensión. ¿Nos pasa igual cuando volvemos a escuchar un contenido radiofónico en formato podcast? ¿Escuchamos distinto, escuchamos mejor, comprendemos más, disfrutamos más de la escucha, conseguimos retener mejor en nuestra memoria a corto plazo los elementos importantes del discurso, si la escucha de radio bajo demanda es más fácil y placentera, si me permite rebobinar y volver a escuchar cuantas veces quiera generará esto mayor interés o deseos de escuchar? Hay una línea de trabajo e investigación, o varias, muy interesantes a partir de estas preguntas.

Que la radio se produce en la fragmentación y se recrea en cada oyente, y que esa fragmentación, la de los contenidos y la de la audiencia, es una de las grandes riquezas del medio lo demostró magníficamente Toni Garrido en su primer arranque al frente del Hoy por Hoy, encadenando momentos y voces de la SER de todos los tiempos para recordar de dónde venimos.

Señores de la radio, den ustedes un paso adelante y empiecen a diseñar un menú radiofónico para escuchar bajo demanda pero con su prescripción. Historias sonoras para disfrutar, por ejemplo, el fin de semana. O contenidos solo para fans del volver a escuchar…

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