Ruido en el sistema

Cuando empecé mi carrera universitaria tuve la oportunidad, en segundo año, de cursar una materia llamada ‘sonido’. Ahí me enseñaron que cada sistema tiene un ruido propio, inherente a él, que está presente siempre que el mismo está en funcionamiento.

Naturalmente, el ruido de sistema es imposible de eliminar. A veces es tan bajo que parece imperceptible, a veces suena tan fuerte que arruina el producto.

Es la tercer noche que me siento frente a la hoja en blanco e intento escribir. Es la tercer noche consecutiva -lejos de contar tantas otras, en las que directamente no intenté- que mi ruido de sistema está tan fuerte que me aturde.

No lo llamo bloqueo creativo, es más bien una necesidad de disociar lo que le pasa a mi sistema -que a los gritos me pide que lo escuche- de mi capacidad de contar historias.

Entonces me encuentro con la gran pregunta ¿Qué me pasa? o bien ¿Quién soy?, ¿Qué quiero? y ¿Qué siento? y ahí me veo a mi misma frente una puerta que está cerrada y no deseo abrir. Como cuando en las películas de terror el protagonista sabe que del otro lado está el asesino. Sin embargo, igual que en las películas de terror…la música suena fuerte y la tensión creada genera la expectativa de ver qué hay, hoy, detrás del portón.

Me acerco y me encuentro con que estoy bien, estoy feliz. Estoy con una felicidad que hacía mucho no sentía. Me acerco más y veo que escondida en esa felicidad, hay una pizca de angustia. Una angustia que de a ratos está dormida, tranquilita en su lugar y de pronto crece y se hace gigantesca, toma proporciones colosales.

Como si aún fuese una niña, rodeo mi cuerpo con mis brazos y me digo muy despacio ‘tenés miedo’. Miedo de que se acabe, de que la felicidad termine, de volver al vacío existencial que tenía antes de poder encontrarme con éste lugar tan hermoso en el que estoy ahora.

Y por qué. Qué necesidad hay de sabotear el momento que más necesitaría estar disfrutando. Algunas preguntas, y que el señor Freud me perdone, no necesariamente tienen explicación. No sé.

El menor imprevisto se transforma en amenaza. El conejo más blanco se proyecta con su sombra en la pared y se convierte en una pantera negra, peligrosa. Mis cables se chocan, el sonido reverbera y mi ruido de sistema me aturde. Me ensordece, me paraliza.

Si alguien conoce a un técnico en sonido interior, que me pase el número, que lo estoy esperando.