Mi blog cumplió 10 años

Ni siquiera me di cuenta. Soy el peor de los padres. Pero este año se cumplieron diez años de que empecé a escribir en mi blog. Diez años. El mismo blog que me llevó primero al mundo editorial y después a la publicidad. Ese al que le debo todo. El que me abrió más puertas que cualquier título, palanca, habilidad amatoria o belleza de cara y cuerpo. El mismo que cuando puse mi propia agencia también me consiguió clientes para recordarme que sin él no valgo nada y que todo le debo.

Y por eso lo tengo ahí olvidado, en un internado para blogs donde ni siquiera lo visito y sólo le mando un dinero para sus pañales de blog adulto y sus medicinas. Si fuera un niño ya tendría edad suficiente para hacerme reproches y gritarme cosas hirientes por olvidar su cumpleaños. Sería un preadolescente y también lo tendría internado porque creo firmemente en la planificación familiar tardía y en que el pan ajeno hace al hijo bueno.

Pero de repente siento esta inquietud por escribirles, porque los chavorrucos ya traemos otro chip y somos como esponjitas y no podemos callarnos y crecimos en la gran carretera de la información y nuestro cerebro va demasiado rápido, somos unos cinéfilos, melómanos, amantes de ocasión, trovadores con dudas y soluciones, con defectos y virtudes, con amor y desamor, tranquilos y pacificadores pero al mismo tiempo irreverentes y revolucionarios y toda la basura y ridiculeces que ponemos en nuestro perfil de Twitter.

Y es que las últimas semanas han pasado demasiadas cosas para tan poquitos caracteres y después de mucho tuitear, temí convertirme en uno de esos Tuiteros Jaqueca insufribles que publican absolutamente cada momento de su vida y la de su perro, cada restaurante en que comen, cada baño en que vomitan y cada una de sus conversaciones aburridas y sin chiste. Y así recordé que PARA ESO ESTÁN LOS BLOGS AUNQUE YO NO ACTUALIZO EL MÍO DESDE HACE SIGLOS A PESAR DE QUE LE DEBO TODO.

Y como le debo tanto, en lugar de escribir en él lo cambié por una plataforma moderna y hipster que no me avergonzara frente a los chicos de la escuela con sus besos y arrumacos y aceptara dejarme en la esquina de la escuela sin que nadie lo vea. Hola, Medium.

Pero la vida ha dado muchas vueltas y sucede que ahora blogueo desde mi propia agencia, Child. Porque internet ha sido el padre golpeador de mucho de la innovación y nuevos negocios de esta generación. Yo que me siento tan especial y ZAS que acabo siendo parte de la estadística emprendedora de tres pesos de los discursos de mi homólogo de copete Enrique Peña Nieto. Y así como los blogs mueren y resucitan en forma de fichas, Twitter y Tumblr, me fascina cómo seguimos vistiendo las cosas que queríamos en 1999 con disfraz de idea genial que va a cambiar el mundo. Y por eso me encanta descubrir cosas como Meerkat y Periscope.

La idea detrás de las dos es muy simple. Live Streaming desde tu teléfono móvil. Tan simple, que los dos equipos de incansables mentes brillantes detrás de cada una acabaron desarrollando su interfaz casi exactamente igual.

Adivine cuál es Meerkat y cuál es Periscope.

Y seguramente ustedes habrían salido con algo muy similar si hubieran puesto un equipo a desarrollarlo. SÍ OK, HICE LA PRUEBA.

Y es que el mundo digital nos ha devuelto la posibilidad de hacer las cosas simples, sencillas, intuitivas, accesibles para cualquiera con los dedos no muy grasientos y un teléfono. Pero lo más fascinante del live streaming es cómo está derribando frente a nuestros ojos eso mismo que el internet nos ayudó a crear en estos años y de nuevo viene a romper con la forma en que pensamos ya eran las cosas. Tengo que ir a grabar un programa de radio pero vuelvo al rato a terminar de contarles.

@gonzalopolis

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