Me inunda la decepción. Estamos creando una sociedad en la que asusta vivir, una sociedad que te hace sentir vulnerable y pequeña. Me da miedo que no se avance, que no haya repercusiones, cárcel y castigo. Apenas a dos meses de entrar en 2020 hay chicas que vuelven por calles transitadas y no por el camino corto, que no cogen el metro o el tren a ciertas horas, chicas que no andan de noche solas sin mirar por el rabillo del ojo a ver si hay alguien por detrás y todo por miedo. Miedo a no volver a casa, a que unos machitos te digan o te chillen cosas que no quieres oír, a que te miren como si fueras comestible, miedo a que no te traten como mereces. Y la impotencia inunda mí alrededor por no poder hacer nada.
Gritamos por nuestros derechos, nos manifestamos y nos queremos. Pero todo eso no tiene sentido sin un cambio legal y social. Legal porque no hay leyes que nos respalden, ni jueces que puedan hacer justicia como se debe. Porque ahora no se llaman a las cosas como son, una violación no es abuso. Social porque se sigue manteniendo una tradición machista, atrasada y sin sentido.
Y aún a pesar de todo hay partidos con puntos en sus programas políticos terriblemente machistas y lo peor es que son votados por mujeres. Deberíamos fundamentar todas nuestras opiniones en la lectura, en el interés por saber y en la historia. Viniendo de una tradición machista nadie debe quedarse únicamente con lo que ve u oye en su entorno porque quizás no sea lo idóneo o lo mejor. Yo quiero un cambio y cambiaré incluso cosas que sé que están mal en mí. Porque el progreso también está en eso, en cambiar y mejorar cosas en cada uno de nosotros. Yo grito por un cambio ¿y tú?.

