
(*) Poema sobre como fui abducido por un pogo en el Reino Agrario de Olavarría:
Yo iba tranquilo, tengo testigos, cuando una fuerza centrífuga
demente dañada rota cerebralmente para toda la vida
me atrajo hacia si atenazando mi cuello y depositándolo justo abajo
de un sobaco desnudo peludo y transpirado que chivaba cerveza
no tuve la culpa, no, la culpa fue de la mandíbula tensa de los ojos desorbitados
de ese alma de cristo nuestro señor que me eiligió de pareja para
bailar como locos
adentro de un tumulto,
le dicen pogo,
me dejé arrastrar como un cadáver muerto al centro mortal del torbellino de este
ritual insólito de golpes patadas empujones y genuinos abrazos sexoperturbados
el dueño del sobaco tenía una lata de cerveza aplastada en la mano casi vacía
vacía la lata no la mano
la agitaba como una porrista de películas que pasan lejos de Olavarría
en cada salto cabriola paso repiqueteo o cópula tácita con el resto de la turba
mi amigo, demente dañado roto cerebralmente para toda la vida, me bautizaba
de birra
logré escabullirme porque
nada dura para siempre
