Señora en el tren

Dibujo en el tren, en mi cuaderno negro. Dibujo a una señora muy flaca. La señora está agarrada a su cartera, aferrada, colgando. Como si la cartera pudiera volar y ella fuera un especie de ancla humana que evita que se escape. No tiene miedo a que le roben, eso seguro. La señora está apoyada contra uno de los respaldos del último par de asientos de este vagón, cerca de la puerta. Tendrá más o menos ochenta años y el pelo blanco recogido por un broche rosa roto. No pienso mientras la dibujo. La señora está quieta. Sus ojos son grises o verdes, no alcanzo a darme cuenta. La miro de más. Me animo a pensar que es linda.

— ¿Me estás dibujando? — me pregunta.

— Si, perdón ¿le molesta?

— No, para nada. Esperaba que lo estuvieras haciendo. Y eso que yo no espero nada, ni Navidad.

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