AUDITION

Pretender asignar a otros una calificación en base a sus cualidades o aspecto físico, buscar nuestra propia satisfacción ignorando si con ello provocamos el sufrimiento ajeno, o confundir amor con posesión, son tres formas distintas del mismo mal: el de considerar a una persona como una cosa.

En AUDITION (“Odishon”, Japón, 1999), las consecuencias de esta cosificación son llevadas al extremo y se exponen ante nosotros con brutalidad.

Aoyama es un hombre viudo que años después de la muerte de su esposa, es animado por su hijo adolescente a encontrar una nueva compañera. Él se siente viejo y torpe para emprender semejante faena, pero aun así tiene muy claro lo que busca en una mujer: juventud, belleza, inteligencia y talento. Un amigo suyo, quien trabaja en la industria cinematográfica, le propone hacer el falso anuncio de una película próxima a filmarse y convocar a una audición para encontrar a la actriz principal. Aoyama podrá así ver a todas las jóvenes candidatas al supuesto papel protagónico y elegir de entre ellas a una, la que más le guste, para cortejarla y, con algo de suerte, hacerla su esposa.

A pesar de esta conducta reprobable, Aoyama nunca se nos presenta como un personaje aborrecible; al contrario, le terminamos perdonando sus colosales errores porque finalmente es un romántico. ¿Y acaso no son los románticos los más proclives a ver únicamente lo que quieren ver? Cuando la tímida Asami se presenta a la audición, el impresionable viudo queda prendado de sus encantos y de su actitud dulce y sumisa, sin percatarse de que está a punto de caer en una trampa incomparablemente peor que la que él y su amigo tendieron a las ilusionadas aspirantes. ¿Quién es realmente Asami?

De aquí en adelante, la película seguirá un rumbo confuso al moverse entre la realidad y la pesadilla. Comenzaremos viendo a Asami a través de los ojos del enamorado Aoyama hasta que la verdadera naturaleza de la joven quede expuesta y los terribles secretos que guarda sean revelados.

El talentoso director Takashi Miike (Ichi The Killer, Gozu, Visitor Q), a través de recursos comunes, como la edición, el uso de los colores y la elipsis, nos da algunas pistas para dilucidar qué es real y qué no lo es en este mundo alucinante donde las personas no son lo que parecen, donde la línea entre víctima y victimario se desdibuja, y por el que somos llevados (o arrastrados) sin saber qué esperar. Aun así, la historia da pie a diversas interpretaciones, y solo queda observar y sentir cómo con cada paso que Aoyama da hacia su perdición, la tensión crece y la aparente calma de la primera mitad de la historia, se torna vorágine de horror conforme se acerca el final.

Más allá de tener o no un trasfondo moral, lo cierto es que la obra de Miike impresiona. No es uno de esos filmes que puedan verse y olvidarse enseguida. Lo sé porque aún hoy me estremezco al recordar cierta escena, cierto sonido. Y le sigo dando vueltas a una idea, buscando respuestas, repasando las pistas, con la certeza de que en AUDITION nada se muestra o se hace sin razón. Quizás algún día me arme de valor y la vea nuevamente, esta vez sin taparme los ojos cuando… Olvídenlo.