Hay días que uno amanece adormecido como una momia polvorosa y lenta. Hay días soleados que invitan a no correr las cortinas de la habitación, a quedarse en su acogedora y fría penumbra, en el ambiente lúgubre de sábanas claras. Hay días en los que uno amanece y le da por abrir el libro de Vallejo…
Oráculo
Antacrónicas