Enero, 11

Una semana más.

“¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco… Es bastante.” -Jaime Sabines.

¿No te pasa que justo cuando todo está roto, cuando caen las hojas y el sol parece cansarse de ser sol, es cuando más sientes necesidad de escribir? ¿No odias, en cambio, desear ser elocuente y encontrar nuevas palabras para describir lo que sientes cuando todo resulta a tu favor y darte cuenta de que no puedes? ¿Sientes la misma impotencia que yo al ver que las letras parecieran burlarse de ti en los tiempos buenos a sabiendas de que serán tus únicas compañeras en los malos? Porque podría jurar que no soy la única.

Probablemente ya lo sabes — siempre sabes—, pero lo diré igual, hacía meses desde la última vez que me dediqué a escribir, tanto que hasta me convencí de que lo extrañaba, ah. Sentía que de cierta forma me hacía falta hablar sobre ti, sobre mí, nosotros — siempre, siempre nosotros — , pero a la vez estaba tan feliz, tan llena que no tardaba en olvidar ese sentimiento; — ”es posible, siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.” — . Desde algún punto de vista podría ser nada más que el capricho de registrar que en un punto de nuestra vida estuvimos juntos y fuimos completos y no necesitábamos futuro porque el presente por sí solo ya era más — ”¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco… Es bastante” — .

No puede ser buen presagio el haber escrito más de doscientas veinte palabras en menos de cinco minutos, ¿cierto?

No voy a escribir, sin embargo, de todo lo que pasó o está por dejar de pasar, no me apetece, y es que estoy cansada de cargar con mi optimismo y con el tuyo y con nuestros planes y nuestros errores, con tu sonrisa sabor desvelo y mis manos en exilio de tus manos, — siempre, siempre nosotros—. No voy a escribirte sobre un pasado que ya borró nombres ni de un futuro que sigue sin conocernos, no te voy a dibujar historias sobre árboles grandes adornando casas con aroma a café y hierbabuena, — ”hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama, (…) entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías te he dicho «ya es tarde» y tú sabías que decía «te quiero».” — porque, amor, te debo más que eso. Te debo algo real, algo que no necesites esperar o poner al tiempo en su búsqueda, — ”porque las mejores palabras de amor están entre dos gentes que no se dicen nada” — . Y ojalá existiera ahora nuestro “felices por siempre” para regalártelo completo, para que hagas con él lo que tú quieras — ”guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto.”— , me encantaría poder sorprenderte con fotografías nuestras desayunando juntos en alguna ciudad lejana, pero no puedo. Todo eso no es y no quiero preguntar si será. Si estoy aquí después de tanto y sobre tanto es para darte algo que sé que existe y puedo darte.

No podré ofrecerte una vida, cielo, pero este momento es todo tuyo, si lo aceptas.
No tengo mil fotografías sonriendo a tu lado, amor, pero mi más sincera risa es tuya, si la aceptas.
Tal vez no tenga las llaves de una casa con gran jardín como el que quieres, pequeño, pero mis brazos están listos para refugiarte, si los aceptas. 
No tengo forma de comprarte un futuro a mi lado, no podría asegurarte que hemos de pasar cientos de estaciones juntos o que habrá alguien compartiendo nuestros apellidos en unos años, mi vida, pero mi presente es completamente tuyo, si lo aceptas.

Justo en este instante, ángel, todo mi amor es tuyo.

Solo si me aceptas.

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