Julio, 3

De piel hacia afuera.

Voy a ser clara, lo más posible, lo prometo. Verás, sabes que la idea de todo esto nació de cierta vez que, mientras platicábamos, mencionaste algo relacionado con escribir un libro sobre nosotros, titulado “Mil maneras de verte”. Cuando lo dijiste no pude evitar pensar en las nuevas formas que descubro a diario de mirarte y conocerte, fue por eso que no demoré en iniciar a escribirte. He hablado ya sobre la forma en que veo mis sentimientos por ti, la manera en que me llenan la mirada los tuyos y todo lo que aprendo al verte y estar contigo, pero hay algo muy básico de lo que no he escrito hasta hoy y creo que ya va siendo hora de cambiar eso…

De piel hacia afuera. ¿Cómo?

Siempre he creído que nuestra percepción de lo que somos físicamente no podría ser más falsa pues esta se ve grandemente afectada por nuestros prejuicios, complejos e historias, también defiendo a ‘capa y espada’ el hecho de que no existe mejor forma de conocernos en ese aspecto que el permitir a alguien que nos observe y lea. No te lo he dicho lo suficiente, pero he dedicado bastantes soles a leerte, estudiarte… y estoy por presentar mi reseña.

Seguro pensarás que no es cierto, que exagero o te veo con “amor” pero es que eres tan ciego algunas veces que no alcanzas a leer los mil romances y tragedias narrados en tu cuerpo, no como yo los leo. Y sí, como en todo buen libro hay partes que me gustan más que otras, partes que me interesan, encienden, emocionan y partes a las que — malamente— no he prestado suficiente atención hasta hoy — mi plan es solucionar eso pronto, por cierto—.

Estoy divagando, lo sé, pero igual ya sabíamos que eso de ser clara y directa no era lo mío así que no importa mucho.

Bien. Cariño, tus ojos. Lo más práctico sería metaforizarlos como el capítulo uno pero, vamos, tus ojos no podrían ser eso. Son más como esa nota del autor a las primeras páginas que casi nadie lee porque a quién le interesa saber qué pensaba este al escribir tal historia, claro. Sí, eso. No tienen la emoción de un inicio de novela policíaca, ni los colores de primer capitulo de cualquier ciencia ficción, cierto, pero no dejan de ser indispensables. Esta nota del autor, de la que hablaba, suele ser menospreciada e ignorada por los lectores dado al hecho de que — según dicen— no “afecta” directamente a los acontecimientos de la novela. Qué declaración más falsa.

Tus ojos, cielo, son el por qué de la historia.

No hay mayor ayuda que el leerlos de cerca para saber porqué haces o estás por hacer, me cuentan el origen de tus ideas, tu inspiración y, a veces, el brillo en ellos delata un poco la trama de la historia. De hecho, aquí entre nos, no está tan mal dejarte ignorar el resto un rato para enfocarte solo en ellos. Lo he intentado y me gusta, me gusta en serio.

Ya entrando más de fondo a cualquier libro, te encuentras con esa parte del relato en donde los protagonistas no saben qué hacer, tienen un problema en frente y sus vidas se llenan de miedo, emoción y millones de expectativas sobre lo que les espera a las siguientes páginas. Tus manos son esa parte. Los pliegues en ellas, tus brazos, hombros, dedos, todos ellos protagonizan las emociones más grandes y anuncian las mil aventuras que están por llegar. Cada roce de ellos con mi piel se ha hallado en autoridad para llenarme de terror y hambre, aún el más mínimo toque acelera el fluir de mi sangre como el suspenso más frío en cualquier novela y no imaginas lo dulce y excitante que encuentro eso.

Toda buena historia debe contar con su merecido final — aunque los románticos me crucifiquen — y hablando de ti, no podrías tener mejor último capítulo que tus labios. Te explico, se supone que la conclusión de un libro debe ser la mayor representación de paz y tranquilidad, todo se resuelve y tiene sentido al llegar ahí, y pues, es el caso. Mi amor, no hay momento en que yo me sienta más completa que cuando te beso o mi piel roza tus labios, lo juro, es por eso que insisto tanto en hacerlo.

Sin embargo, así como el final de una novela puede ser feliz, emocionante, trágico o misterioso; tus labios pueden contar mil conclusiones distintas, todo dependiendo del título que vistas en el momento. Si me conoces, sabes que yo soy de las que se “casan” más con autores que con historias y, francamente, hace bastante que lo hice contigo. Podría decir que me encantan por igual todos tus relatos, tus fábulas, pero mentiría si negara que, por mucho, mis historias favoritas son aquellas que te tienen en el último capítulo diciéndome “te amo”.

Podría escribir décadas y no haría justicia a todo lo que eres y me haces ser. Me gusta la idea, sin embargo, de dejar plasmado en estas páginas solo lo más simple, lo más evidente; cuento con centenares de despertares para hablarte del resto.

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