Junio, 22

Free writing

Once días pesan, ¿eh? Lamento demorar tanto en volver pero, no sé, sentía la necesidad de un descanso, supongo. ¿Cómo estás? ¿Las vacaciones te están tratando bien? Por lo que has contado me imagino que sí; me alegra. ¿Recuerdas esa vez que hablábamos por teléfono (de noche, como siempre) y mencioné cierta corriente en internet que se basaba en nada más que escribir sobre un tema cualquiera sin hacer pausas, interrupciones, correcciones y todas esas cosas que a los escritores les encanta (o nos encanta, no sé) hacer? Bueno, eso.

Soy nueva en esto, así que tendré que abusar de tu paciencia. Los últimos días han sido algo ocupados física o emocionalmente y es por eso que no tenía en mis planes el volver a escribir en lo que quedaba del mes; once días más tarde aquí estoy y te hago responsable de ello. No era la idea, es cierto, pero no podía dejar pasar tanta vida en blanco. Tengo que hablarte de lo que pasó ayer.

Hace unas horas, muchachito, me permitiste ver una faceta tuya que tenía bastante sin tratar. Me siento mal y discúlpame por reírme al respecto pero es que en verdad me sorprendiste bastante. No voy a profundizar en lo que fue del “acto” en sí, pero no puedo evitar decir que lo que pasó fue maravilloso. Te sentí tan cerca como contadas veces en el pasado, al nivel en que, con un poco de fe, podría hasta afirmar que compartíamos habitación, aliento. Fue muy especial, en serio.

Pero he aquí la contra parte.

Estaba horrorizada. Me mataste de miedo, pequeño, no tienes idea. Y no quiero que pienses que hablo del aspecto físico del evento, es evidente que escribo de algo más allá. Me refiero a que, la última vez que nos sentí así de unidos fue solo un instante antes de perderte y ayer no pude dejar de repetirme que el riesgo era latente en cada respiración que nos robábamos. Aún lo es. Me encantaría poder ser optimista y decir que estamos en “otro nivel” ya, que no debo preocuparme por eso, que, por primera vez, realmente te tengo, pero no hay garantía de ello; contigo nunca hay garantías y sé que comprendes la complejidad de esto.

Si me conoces aunque sea un poco sabes que difícilmente el propósito de esta carta es el reclamarte o recordarte lo que hemos sido, al contrario. Te escribo esta noche para dejar claro una vez más que te quiero, que te quiero de veras y que no importa cuán cerca se sienta el miedo, lo vales.

Mil gracias por otra noche llena de estrellas. Hasta después.

(444 palabras al inicio, 467 palabras al final. 23 minutos, 37 segundos. Editado solo para mejorar ortografía y redacción. Sin modificar ninguna idea.)

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