Radley.
Radley.
Jul 28, 2017 · 8 min read

Octubre, 7

“Hay ocho lugares que me recuerdan a ti…”

Una persona a quien admiro compartió, hace ya algún tiempo, las primeras páginas de lo que sería — y es — un libro dedicado al segundo gran amor de su vida pero inspirado totalmente en el primero. En pocas palabras, el libro va sobre ocho lugares que, de una forma u otra, le recuerdan a esta persona que dejó marcas irrevocables en su vida. Cuando él lo compartió aún no estaba terminado pero era sencillo deducir que a lo largo de la novela se hablaría sobre sitios que en su momento descubrieron juntos, o bien, donde ellos mismos se descubrieron. Mi lado cursi obviamente se enamoró de la idea y por ello el objetivo principal de esta carta era el hacer algo similar; pensar en ciertos lugares que yo pudiera relacionar contigo y poco a poco explicarte el porqué de ello — al final siempre se trata de los “porqués”, ah — .

Seguramente no estaría ni la mitad de bien escrito o redactado que el original pero bueno, qué se puede esperar de alguien que sigue consejos de Tommy Torres.

En fin, la idea era esa pero me conoces y sabes que nunca termino haciendo lo que pretendía al inicio. Sí te voy a hablar, sin embargo, de algunos lugares — con una listita y todo — pero no será sobre aquellos que me ayuden a recordarte. Te explico, hay personas que escriben o hablan de manera muy bella sobre lo que un recuerdo es y produce, pero a mí no me gusta la idea.

Uno recuerda cuando ya no tiene. En el corazón, en la piel, en la mente, mi amor, yo te tengo. Discúlpame por no permitirme recordarte.

Los lugares de los que te voy a hablar son pedacitos de vida en los que he estado y que se fueron quedando conmigo a lo largo del tiempo. Como hice hace algunos soles — que no se sienten como si fueran muchos pero lo son — me voy a apoyar en una lista para no perderme tanto. Tenme paciencia, amor.

[xx] Lugares que guardo bajo la almohada.

1. El día que nos conocimos — o empezamos a hablar — ha sido tema de conversación entre nosotros bastantes veces ya y con debida razón. Te he escrito anteriormente — con lágrimas en los ojos o con mis dedos en tu espalda — cada detalle de esa primer platica que tuvimos. La forma en que sonreíste, el tema del que hablamos y hasta lo que pensé después de ello. El día que nos conocimos es uno de los lugares más bellos que he visitado. Y no digo que sea bello porque el tema del que platicamos fuera muy profundo o porque los rayos del Sol iluminaran tu piel de una manera especial — que sí — , lo digo porque ahí fue donde empezó todo. Sin esa conversación, sin ese día, no me hubiera permitido dejarte cambiar mi vida y sé que nada hubiera sido más trágico que eso.

Probablemente para el mundo no signifique nada pero te juro que para mí fue como ver por primera vez, cielo.

No recuerdo la fecha exacta — shame on me — pero gracias a mi mala memoria ahora cada día de agosto me parece vivo y me encanta. Me encantas.

2. Probablemente sea obvio pero lo diré de igual forma, algo que extraño con mi vida es platicar contigo en la madrugada. Sí, se escucha simple y adolescente a morir pero no me importa porque cada noche, cada serie de sueños que decidimos ignorar para quedarnos diez minutos más con el otro me dejaron conocerte de una manera que no me hubiera permitido de día. Hubo noches en que podía jurar que sentía el peso de tu cuerpo recostado junto al mío y realmente no importaba si hablábamos de nosotros, si bromeábamos, cantábamos o nos poníamos en cuerda floja — cosa que nos encantaba hacer, en promedio, una vez a la semana, por cierto — yo sentía que estabas conmigo mostrándote completo, vestido de nada más que tus sentimientos, miedos, alegrías, anhelos y dudo que exista intimidad más grande que esa.

En noches así no necesitaba salir a ver si el cielo estaba cubierto de estrellas porque cada palabra que decías me recordaba la existencia de ellas y su evidente envidia por ser testigos y no cómplices de lo que pasaba entre nosotros.

Hay días en que pagaría cientos de mares por visitar de nuevo esas horas contigo, cielo, solo contigo.

3. Vas a decir que exagero o que digo esto solo para tener algo que escribir pero aunque no me creas, uno de mis lugares favoritos en el mundo se encuentra en tu risa. Siendo totalmente honesta, siempre me pareció que tenías una risa cualquiera, de hecho, un poco más escandalosa de lo normal, ah. Lo que quiero decir es que sí se me hacía lindo verte sonreír y todo pero hasta ahí, nunca fue algo que llamara mi atención de manera especial o me hiciera querer detener el mundo; nunca, hasta cierto día en la segunda mitad de enero — dark days — mientras estábamos en clase, sentados en lados opuestos del salón — como siempre — y haciendo todo lo posible por ignorarnos, que me tocó escucharte reír por alguna tontería que Esteban dijo. No me preguntes qué pasó pero sentí todo mi ánimo venirse abajo en un segundo, al principio no supe por qué pero luego entendí que me sentía así porque estabas riendo y yo no tenía nada que ver con ello.

En ese segundo tu risa dejó de ser una risa cualquiera y fui testigo de cómo, poco a poco, mi “lugar feliz” se fue pintando con tu sonrisa y respiración. Me tomó medio instante, pequeño, medio instante darme cuenta de que mi vida no estaría completa de nuevo hasta volver a ser responsable de esa alegría, de ese fenómeno tan hipnotizánte como ahora era tu risa.

Hoy en día, me siento muy orgullosa por poder presumir que he regresado a mi “lugar feliz” bastantes veces desde entonces y que me gusta tanto el lugar que ya hasta tengo una casita allá.

4. Hay un lugar muy importante del que no te he hablado todavía y no por accidente, siendo sincera, no he hecho más que evitarlo. Sin embargo, supongo que ya viene siendo tiempo de contarte de él y de su relevancia en nuestra historia, viaje o la metáfora que más te guste. Verás, hay un dicho muy usado — sobre todo por sonorenses, lo juro — que dice algo como “El desierto también es parte del paisaje”, y pues sí. Sí es parte del paisaje y sí tiene cierta belleza peculiar que otros ecosistemas matarían por tener, pero hablando en serio, si lo comparamos con los mares, bosques o montañas de otros paisajes, el desierto no es más que un montón de arena y árboles secos.

No que sean mis favoritos, pero dentro de los lugares que más me recuerdan a ti están, sin duda, todos los desiertos que hemos pasado juntos. Llámese “desierto” todo problema emocional, duda, miedo, dificultad o discusión que hemos tenido. Mientras escribía el borrador para esta carta, estuve pensando sobre todo lo que hemos enfrentado — y seguimos enfrentando — para estar juntos y, la verdad, es bastante. Lo más sensato sería decir que me encantaría inundar tanto desierto pero, francamente, nos quedaríamos sin mundo y no queremos eso… creo yo.

Cariño, no te voy a decir que he “disfrutado” recorrer tanta sequía a tu lado y sería una ofensa escribir que me ha gustado pasar sed contigo; siendo honesta, he detestado cada valle desolado en el que hemos estado y me atemorizan los mil que continúan pintados en el mapa pero al mismo tiempo me fascina, me encanta, encontrarme dispuesta a pasar por todo eso con tal de llegar a donde me esperes. Dudo que sea correcto hablarte de esto pero uno de mis grandes miedos es el compromiso, desde que tengo memoria he evitado lo más posible relacionarme a ese nivel y todavía no me explico completamente cómo es que hiciste que me olvidara de ello. Dificultades tras dificultades me han ido demostrando que no te quiero solo para un paseo por el parque o una salida al cine, tal vez me ha costado desiertos pero por fin entendí que te quiero para tormentas, para incendios; y que si son ellos los que nos saludarán en el camino, juntos iremos aprendiendo a darles la mano y los buenos días.

5. (…)

Espero que todo el asunto de las listita no te pareciera muy tedioso pero era necesario que entendieras qué pasa cuando me invitas a escribir (te). Lo cierto es que podría continuar escribiendo por décadas y hablarte de mil lugares más y es que me has enseñado tanto que no terminaría nunca pero para no hacerte más largo el cuento, finalmente te voy a contar sobre mi lugar favorito en el mundo.

Verás, como obviamente sabes, a mí no me gusta viajar; no me molesta hacerlo — no siempre — pero sinceramente prefiero evitarlo. Mi idea de “descanso” está más apegada a mi cama y a las personas que me hacen feliz. No soy fan, es cierto, pero a lo largo de mi ya no tan corta vida he tenido la oportunidad — y gracias a Dios — de conocer ciudades y estados bastante lejanos a Hermosillo — tomando en cuenta que abuso enormemente de la relatividad de la lejanía, claro — . Si hay algo que he notado es que hay ciudades que son mucho más visitadas que otras; ciudades que han sido adornadas de playas, parques, acentos y que, por ello, son testigo del “ir y venir” de cientos y cientos de personas. Te voy a contar un secreto: el “ir y venir” no sirve de nada. La ciudad puede quedarse en la memoria y fotografías de todo el que pasa por ella pero esta no se ve afectada por el pasar de los turistas.

Las huellas se borran, las calles se limpian y, para el final del verano, ya no queda nada.

Mi amor, tú eres mi lugar favorito en el mundo. Cada rincón, cada calle, edificio, parque que te conforma me parece inmensamente hermoso. He caminado por tus sentimientos, tengo algunas fotografías a un lado de tus cicatrices, he pasado tardes enteras viendo al Sol ponerse en tu sentido del humor y han sido tus latidos lo que han entrado por mi ventana para despertarme en la mañana. Eres una ciudad maravillosa, ángel. Y han pasado los días y he recorrido tanto en ti que pareciera que te conozco entero, pero no. Gracias al cielo, no.

Sigo descubriendo paisajes, me sigo sorprendiendo aún por tus partes en ruinas y cada vez más me convenzo de que eres el lugar en que quiero pasarme la vida.

El detalle está en que no quiero ser solo un “ir y venir”. Quiero dejar mis huellas en tus playas y que ningún viento las borre, dejar mi nombre en cada pared, cada ventana y que aún la lluvia de enero lo admire. Después de más de un año de entrar y salir de tus brazos entiendo que lo que más anhelo en esta vida y las mil que vienen es que no olvides que en algún momento me dejaste vivir en ti.

No sé si me voy a quedar, no sé si tengas espacio para mis maletas cargadas de dificultades, sentimientos rotos y fallas, pero estoy segura de que si hay algo que deseo es que con el paso de los años y de los turistas, recuerdes lo que fue guardarme en tus bosques y verme bañada por tus tormentas. Tal vez sea egoísta o pretencioso pero quiero que guardes mi pasar lo más que puedas, y que, en una vida o dos cuando llegue alguien más a remodelarte y te toque tumbar las paredes en las que yo me encuentre plasmada, mires mi nombre con cariño, con amor y que después no dudes en borrarlo. Entiéndeme, pequeño, quiero ser parte de ti pero tampoco sería justo construir muros a tu alrededor para evitar que alguien más se enamore de tus cielos.

Recuérdame, quiéreme, extráñame, hasta que sea momento de cambiar ventanas; y no tengas miedo, que con algo de suerte al final nos tocará elegir cortinas juntos, quién sabe.

No necesito perderme y encontrarme en las calles de Paris si puedo esconderme en una ciudad tan maravillosa como tú.

Con todo mi amor, adoración y asombro:

Radley.

Radley.

Written by

Radley.

what if?