CONJUGANDO LA VIDA.
La vida tiene tres tiempos, tres formas de conjugarse: recuerdos, decisiones, y sueños. Son los tres colores con los que pintamos el lienzo de lo que somos. Cada uno pertenece a épocas distintas, con sabores y aromas, canciones y voces que nos susurran nombres y nos recuerdan lecciones.
Nos conjugamos la vida así. Creemos que somos lo que recordamos. Anclados a lo que fuimos, decidimos lo que el patrón nos dicta, y soñamos lo que trae vergüenza al alma. Y caminamos, convencidos de que estamos vivos.
La vida es más de lo que perdemos o ganamos. Va más allá de lo que la memoria nos cuenta que somos. Es mucho más que el espacio entre la primera y última vez que respiramos. De seguro es más que las cosas que se oxidan y enmohecen que con tanto afán perseguimos. Tiene que ser más que la aprobación que tanto codiciamos. Supera aquello que nos cuentan los que desde la cima nos gritan secretos de cómo llegar tan alto. Más que las recompensas de las pantallas brillantes.
Por más que lo intentes mi amigo, ese tipo de vida, aquí no la venden.
Necesito entonces de Uno que me dé vida. No la que aquí abajo ofrecen. Más bien esa que a nada sino a Él mismo se parece. Esa que en pasado, presente o futuro es la misma, y a la vez nueva. Ese que me conjuga todos mis tiempos para que, cuando ya no haya mañana, junto a mi nombre se escriba la palabra “vive”