¡GUÁRDAME EL PUESTO!
Mientras corremos por las escaleras del edificio, nuestros dedos recorren el teclado del teléfono componiendo el SMS que todos hemos escrito alguna vez: ¡Pana voy tarde, guárdame el puesto! Casi nos matamos al pelar un escalón. Pero ahí está, ¡mensaje enviado! Ahora a correr a la esquina y parar un libre…
Sea en la fila esperando para un trámite en una oficina pública, o una conferencia, concierto, reunión o cualquier otra cosa de esas que nos hacen sudar cuando pensamos que nos vamos a quedar “por fuera”, siempre tenemos la esperanza de que algún amigo haya llegado puntualmente y nos haga la segunda de guardarnos el puesto.
¿Y si el pana también está contando contigo para lo mismo? Chamo, se nos tranca el serrucho.
Nos confiamos y nos quedamos por fuera.
Las consecuencias pueden ser peores que quedarse de pie durante un evento, o sentarse al lado de la persona con incontinencia verbal, o con ese que no sabe que existen los antitranspirantes. La vida puede terminar pasando de largo y nosotros esperando que otros nos guarden el puesto.
Claro que puedes llamarme para guardarte el puesto. Pero mejor es que tomes el tiempo para reflexionar. Dios te ha dado un papel, un rol específico. Te ha creado de una forma excepcional, equipándote con talentos y habilidades y una personalidad única. Tienes que ocupar tu lugar. Debes estar ahí. No te confíes, sé intencional.
¿Lo percibes? Eso grande que está por pasar, eso nuevo que todos esperan. Tal vez ocurra solamente cuando ocupes tu lugar.