¿Por qué Shakespeare es Shakespeare?

Publicado en November Magazine

Voy a contaros una anécdota. Me pasó hace unos años. Iba leyendo en el metro “Hamlet”, inmersa por completo en el mundo de las traiciones, cuando un señor interrumpió mi lectura para preguntarme si iba leyendo “Hamlet”. (He de reconocer que mi primer pensamiento fue: “Muy bien, caballero, sabe usted leer la portada”). Afirmé. La siguiente pregunta fue la que desbocó en el caos: “¿En español o inglés?”.

Estaba leyendo Hamlet en español. Mi inglés no es el suficientemente avanzado para poder leer a Shakespeare en su idioma y no morir en el intento. El señor me empezó a regañar. Creía, de manera sospechosamente fuerte, que todos los libros debían de leerse en su idioma natal. En este punto, en el que yo estaba echa una furia gritando en el metro mientras todo el vagón me miraba incrédulo, le dije que entonces muchísimos de los libros que se han escrito no podría leerlos. A lo que el señor, con gesto de superioridad, me dijo: “Mala suerte”. Traducción: no leas.

Y a qué viene esta historia, os preguntaréis. Viene porque Shakespeare es tan grande que se crean historias alrededor de él. Lleva muerto 500 años y nadie se olvida de él. Y todo por varias razones.

EL PÚBLICO

Shakespeare sabía a quienes iban dirigidas sus obras. Conseguía alcanzar con el público una conexión que nadie ha sabido superar. En sus obras siempre hay algún personaje con el que te identificas, sea quien sea. Incluso, todavía hoy, sigue existiendo esa conexión.

MUCHA LABIA

Cómo dominaba la lengua. Para sus obras, claro. En el resto de actividades no tenemos constancia. Cada palabra estaba medida, cada significado estaba rigurosamente elegido para que al final todo cobrase un sentido común. Fue el primero en crear “vídeos virales”, pero sin vídeo. Innumerables citas de Shakespeare se recuerdan todavía hoy.

SOBRE SENTIMIENTOS

Pero el lenguaje no era suficiente. Faltaban los sentimientos. Faltaba el describir la emoción de uno de sus personajes a la perfección y, además, de tal manera que se cerrase así el círculo: lenguaje-público-emociones. Un lenguaje medidamente escogido para describir una emoción con la que el público se sintiese totalmente identificado. El amor romántico de “Romeo y Julieta” lo ha vivido mucha gente (aunque sin ese final trágico, claro), las traiciones familiares están al alza en la actualidad política (véase: maletines con un millón de euros en casa de los suegros), etc.

Realmente, aunque no se esté seguro de si Shakespeare existió o no, alguien o muchos crearon todo el universo paralelo que rodea a las líneas escritas bajo el nombre de Shakespeare. Y lo hizo/hicieron muy bien. Felicidades 500 años después de tu/vuestra muerte.