Febrero, 2016 — Dos

Tenía una manera de caminar que le dejaba el aire de fatalidad,

del último tren a las horas de la madrugada, cuando ya no hay marcha atrás.

Se sonrió, una sonrisa irónica, levantando los dedos, abrazando un cigarro

entre sus uñas.

Se preguntó que había por ahí, si había algo más,

Que la inmensidad del cielo y las garras de estrellas cruzando las nubes.

Es sencillo pensar que falta el aliento cuando a alguien le sobra,

que suspiran cuando no puedes respirar.

Es posible, entonces, que las olas del tiempo y el espacio sigan resonando

entre el y ella.

Porque tendría sentido, porque es más fácil, es mas simple,

pero no es la verdad.

Un sistema elaborado elegantemente, casi imperceptible,

el olor a cigarros de menta, el aliento a vodka,

el silencio que pesa mil toneladas.

La música tan alta que no se escucha más.

Otras maneras de seguir, otras maneras de lidiar

con un vacío que se rehusa

a rellenar