De #ETT y la lección de fondo que nos deja

Yo no hablo por todos los ecuatorianos ni por todos los televidentes del país. No hablo por los ateos, los católicos, cristianos, protestantes, etc. Yo hablo por mí en cada uno de los mensajes que lanzo a la redes sociales. Lo mismo debe pasar con los usuarios en Facebook y Twitter que usan esos espacios para decir exactamente lo que piensan sobre distintos temas.

Se viralizó el tema de Ecuador Tiene Talento (#ETT) principalmente porque tres juezas decidieron usar su espacio en ese programa para adoctrinar a una participante que se calificó como ‘autodidacta’ y que después afirmó que no creía en Dios. El problema en ese punto no es que las señoras hayan sido críticas frente a la postura de la participante, sino que usaron su espacio para decirle cosas como que está muy pequeña para estar segura de sus posturas y que sin Dios no llegará a ninguna parte. En vez de cuestionar lo que debían, o sea la calidad del canto de la joven o su perspectiva para mejorar, las enjuiciadoras –porque en este caso lo fueron– prácticamente se agarraron del tema de la religión para decirle que no puede ser autodidacta y creer que con eso es suficiente.

Lógicamente, este episodio absurdo resonó no solo en las redes sociales dentro del país, sino que durante la semana comenzaron a aparecer artículos de distintos medios como CNN, El País, RT (Russia Today), El Espectador, E! Entertainment Tv, Buzzfeed, entre otros. Eso sin mencionar lo viral que se volvieron los videos en Youtube que mostraban ese momento, proyectándole al mundo una imagen cuestionable del país.

Internamente, la crítica a este acontecimiento fue muy grande: se publicaron algunas columnas de opinión, las redes sociales se encendieron, se crearon memes demostrando la falta de criterio o se hicieron montajes demostrando la hipocresía de alguna de las juezas. Pero en realidad, la situación de fondo es la calidad del contenido que nos genera y entrega la TV nacional.

#ETT está lejos de ser un ‘reality show’ que busque fomentar talento o cultura –definitivamente no es como ‘The Voice’, ‘American Idol’, ‘Operación Triunfo’ o tantos otros ejemplos– sino que es parte del espectro de telebasura que se presenta día a día en distintos horarios para que los ecuatorianos lo consuman. El problema no es que tres señoras hayan amedrentado a una chica de 16 años en TV nacional por sus creencias –aunque sí sea poco ético y de mal gusto– porque el fondo de eso es la calidad del programa: no es buena.

Por su parte, una de las juezas utilizó su cuenta personal de Twitter para responder a las críticas que se generaron en la web. Su manejo fue terrible, quedando mal ella y empeorando la imagen de ese programa ya manchado por este episodio y uno sobre dos mujeres jalándose de los pelos (las chicas miau) por las que #ETT recibió una amonestación. Habrá quienes digan que esta pobre señora está siendo atacada, pero creo que es cuestión de que ella no supo recibir las críticas y reaccionar a la altura.

Es necesario que de esto nos quede a todos una lección: la programación necesita mejorar. El contenido es como el dilema del huevo: no se sabe si es así porque las audiencias lo demandan, o si las audiencias ven eso porque es lo que los medios ofrecen. En todo caso, es momento de que se suba el nivel de todos los contenidos audiovisuales, radiales, impresos y digitales. Principalmente, porque eso ayudará también a formar mejor criterio en las audiencias y eso le vendría bien al país.

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