De las cocinas de Cartagena a los Montes de María

Después de recorrer casi dos horas desde Cartagena hacia la vereda Raiceros los visitantes llegaron a su destino. Un lugar entre las montañas y los bosques exuberantes de los Montes de María donde Julio Andrade los esperaba para mostrarles su mayor orgullo: una finca llena de árboles centenarios y cultivos tradicionales que les dan sustento a su familia.

Camino hacia la vereda Raiceros en los Montes de María

Así empezó la gira de 7 chefs y restauranteros Cartageneros a las fincas en los Montes de María, que hacen parte del proceso de protección y restauración del bosque seco en la zona, liderado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD y financiado por el GEF.

Mercedes Rizo de Di Silvio Trattoria y Cháchara, Gustavo Delgado de CrepeXpress, Ismael López de Boka, Mi Cocina y Milano; Federico y Paula Vega del El Santísimo y Malanga, y Daniela Stevenson y el Chef Wilberto Hernandez de Pezetarian, El Burlador de Sevilla, Candé — Grupo GELA — hicieron parte de esta aventura gastronómica.

Panorámica de los Montes de María
“Este lugar es espectacular, la verdad nunca habia ido a los Montes de María, pero cuando uno entra a las veredas es impactante por lo bonito. Uno está muy cómodo en su medio de trabajo y la verdad es que desconocía las dificultades de la gente para sacar sus productos, y eso reconfirma mi intención de colaborar con estas comunidades”, afirmó Federico Vega, chef y propietario del restaurante El Santísimo en Cartagena.
Grupo de chefs y productores

La gira buscó conectar campesinos que trabajan con productos de la agrobiodiversidad del bosque seco con el sector gastrónomico gourmet de Cartagena, para abrir canales directos de comercialización que valoren el esfuerzo de las comunidades locales por conservar su territorio y la biodiversidad.

Mercedes Rizo y Manuel Peñaloza Lara.

Para Mercedez Rizo, cocinera empírica y dueña de varios restaurantes en Cartagena, la experiencia valió la pena

“fue extraordinaria porque rara vez quienes estamos como empresarios de la gastronomía nos ponemos a pensar qué se requiere para que esos alimentos, que luego ofrecemos a nuestros clientes lleguen a nuestras cocinas, entonces la dimensión humana , ambiental y social se logra captar solamente a través de una experiencia como la que tuvimos”.
Doña Leyla mostrando los productos

Don Julio Andrade y los otros campesinos de las organizaciones ASOBRASILAR, ASOAGRO, ASCISAN, ASPROCAN y ASIS esperaban a los chefs con una mesa de tesoros, entre ellos el culantro silvestre y las hojas de bledo que sazonan la cocina montemariana.

Los tesoros de la mesa

Con mote de queso y arroz compartieron sus conocimientos y usos tradicionales de los productos de la agrobiodiversidad y el bosque seco… los chefs preguntaron precios, transporte, cantidades, en una conversación nueva de productores y cocineros, apoyada por el PNUD, como una estrategia para que la ciudad valore el campo y la naturaleza.

“Una comunicación fluida y honesta con las comunidades campesinas es clave, entender las cosechas y los productos, y que ellos ofrezcan y siembren cosas que necesitamos, y nosotros entender que hay otra serie de productos silvestres que se pueden cocinar, sembrar y abrir un mercado interesante, como el culantro”, concluyó Federico Vega.
Conversando con los productores

Julio Andrade cerró la visita a su finca con un recorrido por los cultivos y una explicación sobre cómo se conserva el bosque seco. Luego una parada en la sede de Asoagro para conocer cómo se produce la harina de ñame que ahora es el corazón de las galletas María Luisa, tradicionales de San Juan Nepomuceno, y de vuelta a Cartagena por el camino detapado que recorre estas montañas.

Recorrido por la medidas de manejo sostenible de la Finca.
“Viendo quienes son estos campesinos y sus familias, todo lo que tienen que pasar para producir esos alimentos y con más razon porque sabemos que hay un compromiso por parte de ellos con la humanidad de proteger un ecosistema deteriorado, le das más valor a la experiencia que tuvimos y a los productos que siembran”, concluyó Mercedez Rizzo.
Galletas María Luisa, tradicionales de San Juan Nepomuceno, ahora hechas con harina de ñame.

Esta fue una de las visitas que está promoviendo el PNUD, en el marco de su campaña “Producto de la Paz”, que conecta a pequeños productores que viven en ecosistemas estratégicos del país con empresarios que valoran la biodiversidad y la herencia cultural de comunidades afectadas por el conflicto.


Esta iniciativa hace parte del Proyecto “Conservación y uso sostenible del bosque seco”, implementando por el PNUD y financiado por el GEF.