Dos mujeres emprendedoras que protegen el Bosque de los mil colores

Liliana Andrade, promotora del Sendero Chica, en Aipe, Huila.

“Estamos aprendiendo a convivir con la naturaleza y el ecosistema, a rescatar árboles, a sembrar, a rescatar semillas… ¡Ya tenemos semillas nativas que plantamos en un vivero en nuestra finca!”, asegura Liliana Andrade, bajo el sol de Aipe, Huila.

Ella vive a pocos kilómetros de este municipio en un predio de sesenta hectáreas en donde se encuentra el “Sendero Chicalá”, un recorrido en busca de los secretos del bosque seco tropical, el bosque de los mil colores.

Uno de los lugares por donde pasa el Sendero Chicalá.

Liliana creció en la parte alta de los alrededores de Aipe, en una familia cafetera de cinco hermanos. Una vez terminó el colegio estudió en el SENA producción pecuaria y luego se fue a Bogotá a estudiar mercadeo, publicidad y eventos. Estando allá conoció a su esposo, también del Huila, y hace ocho años decidieron regresar al campo a vivir de la ganadería.

Al principio, cuando llegaron a la finca La María, cuenta Liliana que su esposo taló el bosque que había para hacer cinco potreros. Los primeros seis años tuvieron un promedio de cuarenta vacas y vivieron cómodamente de la producción de leche. No obstante, hace casi dos años, al esposo de Liliana le tocó sacar la mitad de sus reses del predio, ya que los pastos se secaron a causa de la prolongada sequía.

Vista desde el mirador del Sendero.

“¡Eso siempre fue una controversia! yo decía que las vacas podían vivir dentro del bosque, pero como él era el que manejaba eso, pues lo dejé”. Y es que, según ella, ahora llueve muy poco para lo que estaban acostumbrados. Llueve para refrescar y ya. Los nacederos, los árboles y los potreros se han secado y hay fincas a las que no les llega agua.

“No tenemos agua, no tenemos comida. Entonces no veo la lógica de volver a talar y volver a transformar esto en potreros. La mejor alternativa es recuperar para poder tener comida y agua y no suelos en estado de desertificación como los que tenemos ahora”.

En febrero del 2015, Liliana se involucró con el componente de cadenas de valor de productos de la biodiversidad y productos verdes del Proyecto “Uso sostenible y conservación de la biodiversidad en ecosistemas secos” implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Colombia (PNUD), en seis áreas del país, una de ellas Aipe.

Vall explicativa de la ruta del Sendero Chicalá.

Este Proyecto lleva tres años trabajando en el país por la conservación del bosque seco tropical y tiene otros componentes como la restauración a través de la implementación de herramientas del manejo del paisaje, la determinación de áreas de conservación, el apoyo en la incorporación de directrices ambientales a través de los Planes de Ordenamiento Territorial, el pago por servicios ambientales mediante la estrategia BanC02, entre otros. El proyecto se desarrolla en alianza con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, las Corporaciones Autónomas Regionales Cortolima, CAM, CVC, Corpocesar, Corpoguajira y Cardique, SENA, , el Fondo Patrimonio Natural, la Corporación Paisajes Rurales y el Instituto Alexander von Humboldt.

Algunas obras de infraestructura construidas en el Sendero.

Liliana asistió a las primeras reuniones en donde se socializaron los objetivos del Proyecto, financiado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF por sus siglas en inglés), y participó en una gira que llevó a alrededor de veinticinco personas a Dagua, en el Valle del Cauca, municipio en el cual también trabaja el proyecto, para conocer de primera mano algunas reservas naturales de la sociedad civil.

Con el apoyo del proyecto, el 22 de abril del 2016 entro en operación el sendero ecológico por el Bosque seco tropical conocido como el “Sendero Chicalá”, ubicado en el predio de Liliana. Según ella, la idea del sendero es tener una alternativa económica diferente a la ganadería, generar recursos a través de la conservación y poder vivir con la naturaleza y no de ella.

Panoramica del bosque seco en el Huila.

El recorrido por el bosque seco tropical se construyó con la mano de obra de la gente de la vereda y el grupo comunitario de Aipe. A través del PNUD se apoyó la construcción de las escalinatas y los pasamanos. Además, a finales del año hicieron un Fam Trip con agencias de turismo del Huila y Bogotá y un grupo de estudiantes de turismo de la Universidad Corhuila, participaron también algunos turistas extranjeros.

Dora Rivera lista para guiar a los visitantes por el Sendero Chicalá.

Su amiga Dora Luz Rivera es una de los tres guías locales capacitadas para hacer el recorrido en donde explica a las personas todo sobre este ecosistema y se descubren algunos de sus secretos, como petroglifos y fósiles incrustados en piedras a la orilla de la quebrada Bambucá.

Dora nació en Aipe y luego se fue a vivir al Caquetá. Sin embargo, cuando enfermó su abuela, hace seis años decidió regresar a la tierra que la vio nacer y se estableció en el campo con su madre y su hija de trece años.

Ella y otros habitantes de los alrededores de Aipe recibieron, en el marco del proyecto, diez apiarios, dos overoles con caretas, una centrifuga compartida, y otros insumos como mallas y palas para que pudiesen desarrollar una alternativa económica más que le generara ingresos adicionales, además de su trabajo como guía turística del bosque seco tropical y la venta de huevos de los gansos que tiene en su predio.

Según ella, “el objetivo del Proyecto es buscar que las comunidades ayuden a cuidar el bosque como tal y que la gente conozca y aprenda que el bosque le da unos privilegios y por ende lo debe cuidar porque es su casa, su ecosistema y su forma de subsistencia”.

Además, dice que del Proyecto le ha gustado “la forma de promocionar, divulgar y enseñar a las comunidades cómo restaurar, cómo cuidar y cómo ver este ecosistema desde otra perspectiva, pues hay que modificar la forma en que se ha venido trabajando la producción”.

Para ella el sendero educativo del bosque seco es una gran oportunidad para sensibilizar a la comunidad sobre la importancia de este ecosistema y está decidida a divulgar el mensaje de que la ganadería no es la única alternativa de producción en la zona.

Dora y Liliana cumpliendo su sueño juntas de ser emprendedoras en la naturaleza.

Se espera que un futuro cercano el “Sendero Chicalá” reciba a grupos de estudiantes de Neiva y todo el país para así educar a las personas sobre la importancia de conservar el Bosque seco tropical, el Bosque de los mil colores, pues como bien lo dice Dora, “cuidar el bosque es muy importante porque de ahí depende la vida para todo ser humano y de todo ser vivo”.

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