Actuar como cualquiera

De un arte y sus formas de desuso.


¿Cualquiera puede ser doctor? ¿Cualquiera puede ser abogado? ¿Cualquiera puede ser administrador? Quizás la respuesta a todas esas preguntas sea: “Sí, siempre y cuando tenga vocación, se prepare, estudie y demuestre su conocimiento y experiencia”.

Todos tenemos derecho a una profesión u oficio, a empleo y oportunidades, pero quizás usted no le confiaría sus asuntos de salud, legales o financieros a “cualquiera”. ¿Por qué es tan fácil, entonces, que en Costa Rica, “cualquiera” sea considerado como actor o actriz de cine? ¿Tan fácilmente delegamos nuestros “asuntos del alma” a la primera cara bonita o amigo que nos ahorra unos centavos en nuestro presupuesto de producción?

Sería interesante que a la hora asignar a una persona el rol de actor o actriz dentro de una producción nacional, el empirismo mute en profesionalismo, el amiguismo en meritocracia, y los concursos de belleza o calenturas de ocasión, en verdaderos procesos de casting.

Me dirán que es imposible, que siempre habrá quien prime criterios personales antes que artísticos en la elección de sus actores. Me dirán también que muchas veces es mejor trabajar con personas “naturales” o “encontrar al personaje en la calle”, antes que contratar a actores entrenados. Me dirán incluso que el legítimo derecho a la libertad de expresión es lo que garantiza que quien quiera, sea quien sea, pueda interpretar ante cámaras un personaje. Alguno, además, puede esgrimir la idea de que el cine es pura frivolidad, y que no hay que buscar estándares de calidad en el mundo del entretenimiento.

Y yo les diría que sí, que quizás tengan razón, que en efecto nunca existirá un filtro absoluto e infalible, que la “cultura light” seguirá mutando y regenerándose, y que el dogmatismo es, ciertamente, nocivo en cualquier actividad artística. Pero yo no abogo por filtros, discriminación, restricciones, censura o purismo técnico.

Lo que reclamo es el ejercicio de un criterio artístico profesional que nos ayude a elevar paulatinamente la calidad de nuestras producciones audiovisuales.

Que se encuentre, prepare y nutra al talento actoral acá, sin necesidad de llamar a “estrellas” internacionales. Que se entienda que el director no puede descuidar la dirección actoral, escudándose en otros artificios de su puesta en escena. Que se elaboren guiones con profundidad psicológica y conflictos ricos de explorar desde el punto de vista del actor.

Creo que el problema con los actores de cine en Costa Rica no es el manejo de la voz, el tipo de fraseo, el tamaño del gesto o la formación teatral. El problema no es haber leído a Stanislasvki, Strasberg, Adler, Hagen o Meisner. El problema no lo es tampoco la ausencia de talento, de profesores o profesionales que dominen alguna u otra técnica actoral. En mi opinión, los problemas esenciales de la actuación son siempre los mismos: la imaginación, la comunicación y el desarrollo de la sensorialidad del actor a través de la concentración y la relajación. Y estos “problemas” deben ser enfrentados con ojo técnico en cada proceso de producción, o dicho de otra forma, deben ser asumidos con actitud profesional, tanto por el director como por el actor.

El actor es el autor de la vida interior y exterior del personaje, y como tal, es la voz de la que depende cualquier relato audiovisual de ficción. Estoy firmemente convencido de que si no comenzamos a prestar atención a la relevancia de tener verdaderos actores de cine costarricenses, que sean hábiles retratistas de los más profundos y esenciales “asuntos de la condición humana”, nuestro cine seguirá siendo periférico y subordinado en el gran escenario de la cinematografía mundial.

¿Cualquiera puede ser actor? “Sí, siempre y cuando tenga vocación, se prepare, estudie y demuestre su conocimiento y experiencia”. No me importa si es egresado con honores del Actors Studio en Nueva York o solo llevó un curso de teatro del colegio. Si es un niño novato o un anciano experimentado. Lo que me importa es que asuma, entienda y defienda su oficio con la actitud crítica de un profesional. Que quiera crecer como artista y no ser simplemente un farsante. Es lo único que reclamo. El público no merece menos.

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