El miedo a hacer las cosas.

Aún recuerdo cuando pasaba todo el día, horas y horas de niño construyendo pistas de coches de juguete con lo que fuera que encontrara, pedazos de madera, laminas, cartones y no importaba cuantas veces la estructura se derrumbara, una y otra vez la volvía a construir hasta que funcionara. La inventiva aunque limitada por la edad era incasable.

Ahora en general me encuentro sentado con la hoja en blanco, con el documento vacío y el cursor parpadeando y nada pasa. El polvo cae y se junta con el de ayer en mi escritorio y los libros siguen ahí amontonados en desorden, como enfermos en estado terminal suplicando atención pero ni siquiera me inmuto. Al menos no perceptiblemente. ¿Como llegamos a esta pereza, a este miedo, a esta apatía?.

Y es que como todos me e topado en algún momento con gente desagradable. Que si bien se que no son importantes o eso me digo. Sus voces se volvieron la mía con el tiempo y ya indistinguibles me recuerdan que esto es una tontería, que me ando con bobadas, mejor debiera ser ocuparme de lo que ellos consideran “importante”. Lo mas triste es desear aún así su atención esperando finalmente su aprobación y un “tenías razón que tontos hemos sido”. Pero sabemos no pasara.

Pensándolo bien… mas allá del ego y la inseguridad solo deseo que me quieran.

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