Cerrar puertas

Ayer hablaba con un amigo sobre la importancia de saber decir que no.

A veces nos prestamos a momentos, a compañías, que no necesariamente nos hacen mal. Pero si al momento de preguntarnos ¿esto es lo que quiero? ¿esto es lo que necesito? la respuesta es no, entonces, mi vida ¿para que te seguis quedando?

Es que estamos tan acostumbrados a manejarnos por inercia, a ocupar el tiempo en actividades, a veces por el mero hecho de hacer algo. Que terminamos invirtiendolo en situaciones o personas simplemente porque están disponibles para nosotros, no porque sean lo que esperamos de la vida.

Tomar las riendas de un destino implica hacerse cargo de los momentos que elegimos vivir, y con quien los elegimos vivir. Implica no movernos por inercia según las puertas que tenemos disponibles. Sino cerrar las que entendemos ya no sirven un propósito para lo que queremos en este momento, y golpear las que se alinean con nuestros planes. Implica también aprender a soltar , y sostener ese vacío.

Para abrir nuevos ciclos, hay otros que deben cerrarse. Vivir desde nuestra verdad, buscar la armonía entre lo que sentimos y lo que hacemos, es tomar contacto con nuestros deseos de felicidad más profundos y dejarnos guiar por ellos. Hoy más que nunca creo que la felicidad se parece más a una sensación mezcla de paz y confianza.

Elegí no conformarme, porque me rehúso a vivir en la triste monotonía de no poder elegir.