Cuando uno se va quedando mudo

Hoy es una noche fría de viernes en esta dinámica en la que me he metido en los últimos 10 meses de trabajar los 7 días de la semana ya sea en empleos o en voluntariado.

Cada vez que veo las reacciones godinecas sobre un fin de semana o algún puente laboral, mi nihilismo se hace presente por que sé que está semana especial será exactamente igual a las demás.

Lo único que me divierte es salir en viajes o hacer cosas creativas, pero cuando regreso a ese cubículo a trabajar siento que parte de mi se muere.

Algunos se preguntan en que consta mi trabajo. La respuesta es muy fácil: trabajo malgastando los minutos de mi vida para hacer que otra persona malgaste su vida consumiendo contenidos que serán irrelevantes en su vida.

Y cuando salgo no hay muchas cosas que me puedan motivar a ser diferente. Parece que esa rutina de quedarse en casa a ver materiales audiovisuales y perder momentos únicos en ti vida, se empeña en esclavizarte con grilletes de apatía y flojera.

No siempre fue así, pero la comodidad hizo que este trabajo me tragara y, como si fuera Jonas, aguardo a que me escupa para empezar a vivir nuevamente.

He hecho algunos cambios para salir adelante y dejar atrás esa actitud. La Barrera que tengo que cambiar es la mental.

Así que camino por la calle oscura que me lleva al lago de la colonia. Veo mi reflejo. Pienso en que me he abandonado.

Es tiempo de rescatarme.