Problemas del siglo XXI: aceptación/autoestima/soledad

¿Cómo llegar a ser personas seguras?

Amarnos a nosotras mismas y aceptarnos sin ser modelos de Channel.
Amarnos a nosotros mismos y aceptarnos sin necesidad de ser el sexo fuerte.

Muy a menudo me encuentro en estas situaciones personales, que me niego a atribuirle a mis hormonas –¡por favor! — resultado de esos inevitables giros que da la vida, esas esquinas puntiagudas y esas rotondas cuadradas que te dejan regulando en el lugar. Y una, tras otra y otra vez, me niego a aceptar que soy la única.

En un estudio completamente no científico, llevado a cabo entre los pocos sujetos de prueba que se ofrecieron como voluntarios — los pocos amigos que tengo-, investigue si este tipo de crisis de identidad, falta de amor propio y de rumbo para la vida misma, son solamente cosa de una sola persona, yo.

Aunque no científico, su resultado es asombrosamente predecible, un positivismo abrasante dejó demostrado que a todos, al menos una vez en la vida, les dan estas crisis.

Un ejemplo claro que cualquiera puede encontrar en su propia vida, y no es porque la escritora de esto tenga poderes mágicos que pueden ver en la experiencia de los potenciales lectores, sino que estadísticamente es muy probable que, una amistad haya sido quebrada por una falta total de códigos, moral o ropa.

Si, dije ropa. Supongo que mi caso fue un poco más gráfico que la media, pero sirvió la imagen mental para evitar futuras decepciones.

Volviendo al estudio, al reflexionar sobre nuestras vidas, un ejemplo de estas crisis puede ser la perdida de una amistad, o de un ser querido, o un bajón por cualquier motivo. El hecho no es porqué pasan, sino cómo las superamos, fácil:

Masturbación.
El orgasmo prometido deja ese cosquilleo tras los ojos, el temblor de piernas y el mareo, si tuviste suerte.

En la era del porno online, del individualismo, de ser el ombligo de nuestro mundo digital, de las selfies y de por lo menos cinco redes sociales que tratan sobre nuestras vidas, nuestras costumbres, gustos, mascotas, comidas, ropa y labios/ ojos; no nos tendría que sorprender que el amor propio sea la respuesta al vacío existencial que atravesamos.

Cual reflejo plavloviano, salivamos sobre nuestro propio ego cuando una cámara se nos acerca, más allá de cualquier sentimiento levantamos la careta y decimos “cheessee!”(porque es tan de grasa decir whisky ).

Nuestro mundo gira alrededor de tantas banalidades que solo nos quedan los instintos primarios bajo una fina capa de base Maybelline tono Caribe 04.

Entonces, al no ser los únicos con estas particulares prácticas de masturbación psicológica, nos sentimos caer en un vacío que consta de cuatro paredes de interminables masturbaciones ajenas, QUE NO NOS INTERESAN.

¿Cuál es la respuesta? Llevarlo más allá. A razón de lo expuesto en Problemas del siglo XXI: sexo casual, queda muy difícil llevar la autosatisfacción a una cama con otra persona que no sea tu tablet o Smartphone con nombres como Bambú o George.

Entonces George salva el día.

Cualquiera sea el gusto, color o fetiche de preferencia, George no se queja, y lo conecta.

El orgasmo prometido deja ese cosquilleo tras los ojos, el temblor de piernas y el mareo, si tuviste suerte, y te da créditos para vivir un par de horas, días o semanas (dependiendo el grado de profundidad de tu crisis) sin recurrir nuevamente a los encantos de George.

Y así me cure con un poco de vino por las noches, baños con velas, comidas elaboradas, charlas casuales con amigos digitales, y una buena paja de vez en cuando con George o Bambú a mi lado. O eso pensé

Algo faltaba. O sobraba… Y fue el mismo George, mientras conversábamos sobre un artículo de solteros felices- en realidad yo leía de el — después de una tarde fogosa en casa, quién me dió la visión periférica sobre mi situación.

Me sobraba George.

Fue entonces, cuando decidí que si iba a rendirle homenaje por medio de orgasmos dignos de una película xxx a alguien, ese alguien debía ser importante, no cualquiera. Ya no hablaba de amor, cariño o sexo casual, hablábamos de a quién le entregaba el crédito por el fenómeno más espectacular que sucedió, sucede y sucederá en mi cuerpo alguna vez.

Entonces, deje las selfies por un tiempo, y empecé a sacarme la tristeza con orgasmos, en vez de fotos.
Empecé a matar la angustia con caricias a mí misma, en vez de comida
Empecé a llenar los silencios con suspiros, en vez de charlas ruidosas con gente que en realidad nunca me escuchó.
Empecé a amarme a mí, en vez de amar la foto de mía que le mostré al mundo.