Des-generadas y sobrevivientes


Vivir la dualidad en carne propia: las historias de Paula y Georgina

Cuando somos niños y niñas no nos detenemos a pensar en cómo alguien nos atrae, una persona simplemente nos gusta y listo. Son emociones puras surgiendo a temprana edad, en donde tampoco se cuestionaría que esa persona fuente de atracción sea del mismo sexo o no. Como cualquier infante uno se deja llevar. Así es como lo vivieron Paula Marco y Georgina Colicheo cuando de pequeñas se sentían atraídas por sus compañeritos varones.

Sin embargo, para la sociedad en la que todos coexistimos aquello no era lo normal, la dicotomía naturalizada varón/mujer no aceptaba variación alguna.
Paula Marco nació en la ciudad de Valcheta, Río Negro, donde vivió hasta que terminó la secundaria y tras recorrer varias ciudades recaló en General Roca (Fiske Menuco). Artista, peluquera y maquilladora, que a pesar de haber nacido biológicamente como varón hoy tiene, en sus propias palabras, “concha social”.

En la casa de Paula, mate mediante, ella relata la travesía que cruzó para llegar a ser quien es.

Georgina Colicheo es una de las referentes del colectivo trans en la zona. Tiene 45 años, es nacida y criada en General Roca y, luego de varios kilómetros recorridos durante su vida, actualmente reside en la ciudad de la manzana.

Georgina siempre remarca que no basta con que la sociedad “esté abierta de mente”, es necesario un cambio concreto en la cotidianidad.

Ya de chica, Paula soñaba con llamarse así, idealizaba con ser una mujer alta, rubia, pero sobre todo fantaseaba con poder vivir como una mujer. Ahora orgullosa, y con una sonrisa que plasma en su cara dice “yo soy el sueño de mi vida”. A pesar de que todavía aguarda para poder realizarse la operación de reasignación de sexo, no oculta su felicidad, y es que ha logrado todo lo que siempre se propuso.

Desde el comienzo de la entrevista, Georgina deja bien en claro una postura. Para ella no existen únicamente dos sexualidades. “Soy una travesti. No me defino como hombre ni como mujer. Tampoco me haría ningún tipo de operación. Tengo silicona, pero sólo porque deseaba tener pechos”, expresa. A su vez, afirma que no se arrepiente de ser quien es. Criada en el medio del campo arriando ovejas, con dos hermanos domadores de caballos y camioneros, Paula contó que aquel lugar era “muy hostil para su sexualidad”. Aún así se las rebuscaba para inventarse historias, como creerse Valeria Lynch andando a caballo en alguna telenovela, y de esa manera pudo vivir su sexualidad auto generándose un rincón de optimismo. “En el barrio éramos como treinta, y ya había una especie de convención donde, en los juegos, yo hacía siempre el rol de mujer”.

A diferencia de Paula, Georgina no supo desde un primer momento lo que quería. Tenía 7 años cuando se dio cuenta que le gustaban los hombres. Aclara algo respecto a esa etapa de su vida: “Tuve una infancia muy jodida. De hecho, a los 8 años me echaron de mi casa”. Aprendió a sobrevivir en la calle. Reconoce, agradecida, que en gran parte es quien es hoy en día por cómo se desenvolvió cuando tuvo que irse de su casa. “Mi enseñanza ha sido la calle, y mis otras compañeras han sido mi madre, mis hermanas, mi familia”.

Es a partir de este momento donde dos historias de vida ya no tienen similitudes y nos revelan los obturados caminos que han atravesado para ser hoy quienes son: Paula Marco y Georgina Colicheo. “La secundaria fue la etapa más atroz de mi historia” recuerda Paula mirando para arriba, como si los insultos y las cargadas volvieran a repetirse en su cabeza. Pero rápidamente relata sobre sus amigos, de cómo ellos fueron quienes la contuvieron y la cuidaron entre tanto clima hostil.

En cambio para Georgina esta etapa de su vida fue un quiebre en su historia, con 8 años se subió a un camión que la dejó en Bahía Blanca. Allí conoció a la primera trans que estuvo en la zona, y gracias ella comenzó a aprender cómo desenvolverse. Le ofrecieron hogar y trabajo. Ya un poco más cómoda, dio el paso más importante, decidió travestirse y comenzar a trabajar sexualmente – de manera “formal”- por primera vez. “A los 13 ya fue cuando empecé a travestirme. Nunca volví a casa, tenía comunicación telefónica. Yo les decía que estaba bien y capaz estaba molida a palos y nada… cuando empecé a juntar plata, siempre le giraba dinero a mi vieja. Hasta el día de hoy lo más sagrado que tengo es ella, mi motivo de vida y de militancia, de querer cambiar.

Contrariamente a Georgina, Paula inició sus viajes una vez que terminó la secundaria, primero fue La Plata, después a Neuquén para luego terminar en Roca. Aquello no era una huida, sino más bien una búsqueda, de su lugar, de lograr instruirse y ser una persona con conocimientos académicos. Así fue que llegó a nuestra ciudad (Fiske Menuco), gracias a una beca de residencia que le dio la Universidad del Comahue empezó a estudiar el Traductorado de Inglés. Fue un punto de inflexión en su vida. En esa ciudad por primera vez se empezó a sentir cómoda, le permitió rodearse de amigos nuevos y empezar a vivir su propia vida. De hecho, corría 1998, su primer año acá cuando por primera vez le confesaba a una amiga un secreto que venía guardando desde que nació: “Soy gay”, tres horas le tomó decir esas palabras pero a cambio empezó a sentirse liberada, ese fue el principio de otra etapa en su vida.

Aún con diferentes sucesos en la vida de una y otra, sus historias vuelven a confluir en un punto: el del dolor.

“Yo pase un tiempo de mi vida queriéndome morir, rezaba todas las noches para que me diera alguna enfermedad” fueron las palabras que utilizó Paula para contar uno de los peores momentos de su vida, hacía ya varios años que se prostituía para poder vivir, llevaba una doble vida: de día era una persona y de noche otra.

A pesar de sus deseos de la infancia, algo en su cabeza la llevaba a negar la situación, a ver en Paula solo una manera de sobrevivir y de poder tener un buen pasar económico. El dolor de Georgina no estaba muy alejado: “Si supieran lo que hay que pasar… bah, lo que pasamos. Lo que nosotras tuvimos que pasar, al punto que tuvimos que llegar, sólo con el objetivo de sobrevivir”. Cuenta algunas historias que realmente paralizan. Torturas, porque no les cabe otro término, que han sufrido. Practicaban tiro al blanco con ellas, en las comisarías. Por eso le duele, y se nota en la mirada, contar. Recordar. Ha perdido compañeras. Las miradas hablan mucho. Más de lo ella quisiera, quizás. Y Georgina es de las que miran fijo. Porque, en definitiva, ha sufrido. Y ha tenido miedo. Por eso milita.

Pero un día aquellos sufrimientos dejaron de ser, dejaron de estar. Cada una, a su manera, logro dejar de lado los fantasmas que las aquejaban y pudieron salir fortalecidas de todos los momentos desgradables vividos con anterioridad. “El amor es la fuerza más poderosa y más fuerte del universo, a mi el amor me cambió la vida. Un día me enamoré y se enamoraron de mí, de Paula” , en ese momento un muchacho le ofreció su cariño y ella terminó de asentar quién era. Con ese “envión” de confianza tomó, quizás, una de las decisiones más importantes de su vida: se operó los pechos, fue a partir de ese momento y para siempre que para todo el mundo pasó a llamarse Paula.

Para Georgina, el cambio en su vida se dio a través de la militancia, “Acá en Roca sufrí dos asaltos. Después de eso dije basta, hasta acá llegué. También por como nos trataba el Sistema de Salud. A veces nos tenían que atender, apuñaladas, en una veterinaria. Íbamos a una guardia y no nos atendían”. Queda claro que esos asaltos fueron uno de los puntos de inflexión más importantes en su decisión por defender al colectivo trans. El más importante, si, pero uno más, porque si algo le sobraban eran motivos.

Hoy es una férrea defensora del trabajo sexual considerado como tal, como un trabajo. Insiste con ese término, y especifica el por qué: “Tenemos tarifa, damos un servicio, cumplimos el horario y chau. Nos permitió mantenerse vivas cuando el sistema nos dejaba afuera”.

Son muchas las cosas que las diferencian. La forma en que se definen, sus historias de vida, el momento en el que se dieron cuenta de lo que querían ser y el apoyo que tuvieron por parte de su entorno cercano. Pero los factores que las unen son aún más cruciales. Porque ambas sufrieron, y tienen plena conciencia de lo mucho que les costó llegar a poder vivir su vida como siempre habían querido. Por eso, la militancia fue un punto de encuentro.

Porque vivieron en carne propia las dificultades de “acomodarse” a esta sociedad que hoy en día se declara muy “open mind”, pero que a la hora del cambio concreto se queda inerte. Y porque quieren dejarle el camino más allanado y prolijo a las que vendrán, porque como dijo Georgina, de eso se trata toda esta lucha. De ayudarse unas a otras, y de ser agradecidas. Y también porque, como Paula no dudó en afirmar, “el amor es la fuerza más poderosa y más fuerte del universo”.

Y la base de esta lucha es eso. El amor. El mismo que todos merecemos, seamos como seamos. Seamos quienes seamos.

Y todavía falta

El 9 de mayo de 2012 se adhirieron derechos atrasados para un sector de los argentinos y las argentinas tradicionalmente eludido en materia de equidad legal. El Congreso de la Nación aprobó por unanimidad (55 votos a favor, 1 abstención) la Ley 26.743, de identidad de género, la cual visibilizó y escuchó los reclamos del colectivo trans de Argentina.

Foto extraída del artículo “Argentina, el país con mayor turismo LGBT en Latinoamérica.

La norma comenzó a tomar forma en 2007, y vio finalmente la luz a partir de la convergencia de cuatro proyectos presentados por separado y a la vez en conjunto por el Partido Socialista, la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgenerxs de Argentina (ATTTA), y el Frente Nacional por la Ley de Identidad. Esos proyectos se basaban en reclamos de la comunidad trans y leyes sancionadas al respecto en diferentes partes del mundo.

La Ley de identidad de género tiene 12 artículos, que contemplan lo siguiente:

• El reconocimiento de la identidad de género de cada persona, la libertad para desarrollarse completamente según esa identidad, y el derecho a ser tratada e identificada de acuerdo a esa identidad.
• Define la identidad de género como la vivencia personal e interna del género, con independencia del sexo asignado al momento de nacer. Así como la posibilidad de modificar libremente su apariencia física por medios quirúrgicos o farmacológicos, su vestimenta, modo de hablar y modales.
• Posibilita a cualquier persona que lo requiera el cambio de documento y registros personales, incluyendo la imagen, de acuerdo a su autopercepción de género. Asimismo establece los requisitos necesarios para llevar a cabo estos cambios registrales.
• Indica la confidencialidad de los datos de nacimiento originales de quien acceda a los cambios de registro mencionados, a menos que se cuente con la autorización del/la titular, más una autorización judicial.
• Habilita el acceso libre a tratamientos hormonales y/o quirúrgicos, a cualquiera que lo requiera, que adecuen su cuerpo a la identidad de género que perciba.
• El deber de respeto a la identidad de género que adopten las personas, especialmente en los casos de niños, niñas y adolescentes que utilicen un nombre distinto al que figure en sus documentos de identidad.

La Ley 26.743 es considerada una de las más avanzadas del mundo en la materia. Garantiza el cambio de registros personales y el acceso sin restricciones a tratamientos médicos de readecuación corporal y hormonal, lo que deja de señalar a la condición trans como una patología psicológica.

Tanto la Ley de identidad de género, como la Ley de matrimonio civil (26.618, llamada popularmente “de matrimonio igualitario”) son expresiones cabales de profundos cambios que, para bien de todos, la sociedad argentina se encuentra protagonizando.

Las banderas que enarbolaran generaciones de hombres y mujeres con voces acalladas a palo y bala durante décadas están siendo llevadas hoy por nuevas generaciones, y esas voces son gritos que se multiplican por todos lados.

Los chicos y chicas que nacen hoy lo hacen durante la plena vigencia de leyes que escuchan aquellas voces cansadas del silencio impuesto del miedo y la inmoral normalidad. Nacen con una sociedad, aunque sea un poquito, más tolerante, más dispuesta a escuchar y entender, antes que señalar y separar. Los chicos y chicas que nacen hoy ya están cansados del odio rancio heredado.

Faltaba que las leyes acercaran la oreja a las voces de las y los que no eran escuchadas/os, y eso empezó a cambiar.
Y falta que desde los medios de comunicacion se transmitan otros mensajes respecto a las personas trans, gays, lesbianas, bisexuales, y del género que elija quien quiera.
El abordaje de las identidades de género por parte de los medios (prensa gráfica en este caso) es el objeto de estudio de la tesis de grado de Catalina Arca, licenciada en Comunicación Social recientemente recibida de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Comahue(FADeCs).

Foto tomada a través de nota del periódico digital 8300.com.ar
Y falta. Falta mucho para que dejen de haber dedos que señalan y bocas que vomitan odio. Pero cada vez cuesta más levantar esos dedos, y esas bocas vomitadoras se atreven cada vez menos. Los distintos a la vida son cada vez menos.

Luego de seis años de espera inauguran el debate desde la Universidad pública: una “Cátedra Libre” sobre géneros

Denominada por sus creadoras “Cátedra Libre de Géneros, Sexualidades y Derechos Humanos” la materia fue presentada en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad del Comahue (General Roca/Fiske Menuco). Es “libre” porque no requiere estar inscrito en ninguna carrera, sólo basta tener la predisposición de ir, debatir, y empaparse de las temáticas planteadas.

El primer encuentro a cargo de la coordinadora Ana Matus y las referentes de la Asociación de Trans y Trabajadoras Sexuales de General Roca (ATTS) se realizó el 3 de septiembre a las 18 hs en el aula 12. Comenzó con una intervención artística que provocó el primer aplauso de los oyentes. Luego, la coordinadora de la cátedra realizó una pequeña presentación para después llevar a cabo la actividad pautada.

La cátedra está a cargo de la profesora, investigadora y vice-decana de la Fadecs Ana Matus y un equipo de trabajo integrado por Daniela Isasi, Catalina Arca, Julia Burton, Belén Spinetta y Paula Mañueco. Además, cuenta con la participación de Sandra Chaher, Graciela Alonso, Romina Schmuk, Georgina Collicheo, Susy Shock, Silvia Delfino, Ruth Zurbriggen, integrantes de la Asociación de Trans y Trabajadoras Sexuales (A.T.T.S).

La coordinadora Matus habló en el programa radial “Tranqui 120” y definió al espacio como: “una cátedra libre que se genera a partir o alrededor de temáticas no abordadas por ninguna carrera dentro de la facultad y de la universidad al menos por perspectivas interdisciplinarias”. Se exponen, profundizan y debaten múltiples temáticas y enfoques tantos prácticos como teóricos en relación con los géneros y sexualidades. A través del diálogo, se busca articular diferentes entornos sociales y diversas experiencias.

Las actividades que se realizaran son encuentros colectivos de intercambios y reflexión, charlas sobre alguna temática en especial, talleres y intervenciones artísticas, con el fin de proponer una mirada abierta sobre realidades sociales, estructuras sociales y simbólicas relativas a los géneros, jerarquización del deseo, identidades sexuales y trabajo sexual autónomo.

Por último, Matus expresó cuales serán las expectativas como coordinadora de la cátedra, “se trata de continuar generando este gesto de inicio porque me parece que lo novedoso tiene esta imposibilidad de pensar en términos de expectativas”. También dijo: “estamos muy felices y contentas por poder generar un espacio de estas características e invitamos a todas las personas a participar de los siguientes encuentros”.

Las fechas de los siguientes encuentros serán difundidas vía e- mail y a través de la página oficial de Facebook de la cátedra.

“Ruidos Molestos” en RebelMouse
Producciones periodísticas realizadas por estudiantes de Redacción Periodística II, Licenciatura en Comunicación Social, Universidad Nacional del Comahue.
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