Imperators

Aquellos seres de retorcida conciencia buscaban crear su imperio de miedo con cara de humanidad. Aquel invento griego sobre la política era aprovechado de la manera más vil por estos lobos hambrientos de más. Sus mitocondrias producían energía del número de arrodillados a su alrededor y podían dormir tranquilos si sentían el dominio sobre los demás.

La ciudad amanecía gris y, por supuesto, el tráfico sería lo que aquella mañana desgastaría su paciencia. Serviría aquel tiempo para mejorar su plan y aquello le daba gusto, lo hacia sonreír y siempre evocaba en su mente la frase que Cratos le dijo a Zeus: “Hijo, el poder se ejerce mejor desde las sombras”, y él quería convertir la sombra en su mayor poder. Lo pensaba algunas veces, ¿por qué su ambición? pero simplemente la dejaba fluir, era lo que lo hacía feliz.

Saludó como de costumbre a su esposa, era la reina, la emperatriz, la que encendía su corazón cuando las dudas lo atacaban. Era la columna de su determinación y sus dos hijos eran el sol y la luna, no solamente por sus rasgos absolutamente distintos, sino porque gracias a ellos su trabajo tenia sentido. Le gustaba cuando Verónica usaba el perfume rosa, aquel que había comprado en un aeropuerto hace unos meses y aquello mejoraba su humor, últimamente algo lo inquietaba.

— Alejo, hoy iré al Ministerio a terminar la consolidación de la fundación. ¿Podrías llamar a Víctor para que me recoja cuando salga? Ya sabes cómo es el Centro en horas pico ¡Insoportable!

No le gustaba usar frases cariñosas en su matrimonio pero sus acciones como pareja demostraban el amor absoluto que existía entre los dos. Algunas noches veían House of Cards y reían en silencio porque sentían cierta complicidad con los protagonistas. Tal vez su atracción por el poder los hacia un sólo ser. Disfrutaban siendo obedecidos y cambiando vidas a su antojo, sólo con su voz y autoridad, nunca se involucraban porque era una perdida del tiempo y al hacerlo perdían dinero.

¿Por qué crear Humanidad si puedes crear Rentabilidad?

Todas aquellas vidas con pequeños mundos y un poder ínfimo. Los observaba desde la ventana en aquel tráfico bogotano inagotable. Su corbata, algunos días como aquel, lo ahorcaba un poco, se sentía asfixiado. Sabia que a pesar de aflojarla un poco, la incomodidad no se iría, era el sentimiento que venía perturbándolo poco a poco desde semanas atrás. Esta vez su táctica usual se veía interrumpida por alguien que la conocía. ¿Sabría ese idiota jugar al largo plazo?. Tenía que minar su confianza, tenía que debilitar su aspiración; lo usual, derrotar el sueño de las personas para adueñarse de su voluntad.

— Ya estamos llegando. Veronica me encargo llevar a su hijo a una cita médica, Don Alejandro, me tomará 2 horas en estar de vuelta en caso de que me necesite.

No lo iba a necesitar, que se fuera todo el día si quería. Pensar, planear, analizar, observar desde su oficina era todo lo que deseaba. Todo ello lo hacia mientras pasaba por aquellos pasillos sin dirigir un Buenos Días, ya habrían otros momentos para engañar a aquel grupo fingiendo preocupación por sus miserables vidas, pero aquella frase le resultaba incomoda. ¿Por qué perder tanto tiempo? ¿Acaso necesitaba un favor de ellos en ese momento?

La voz de un sólo hombre ha propagado revoluciones enteras. El espíritu de una generación ha causado momentos decisivos de cambio, acompañados de cierto estilo artístico. El renacimiento, aquella impresionante época que reunió en un mismo momento y en un mismo espacio a mentes apasionadas y disciplinadas. Aquellos que con su arte desafiaron el poder. Aquellos poderosos que con su avaricia buscaron minar una nueva generación.

Quería que ese lobezno atacará. Reconocía en él esa ambición que también sentía por sus venas, pero sabia que la juventud estaba salpicada de estupidez. Un movimiento en falso y podría demostrar su poder, destrozar cualquier intento de levantamiento. No le importaba sacrificar su creatividad y su pasión, necesitaba obediencia. Tal vez si lo separaba de su grupo y lo rodeaba de personas que…

— ¿Dónde, dónde había escuchado yo esa frase? ¿Fue un artículo o un libro?

En nombre del Amor se habían cometido los delitos contra la humanidad más sádicos de toda su historia. No porque no hubiesen crímenes peores, sino porque precisamente se usaba un valor humano para corroer el planeta. ¿Podría usar esa misma táctica? ¡Claro!, disfrazar su propósito en nombre de un valor. Política básica.

Con lo que no contaban era que aquellos artistas, aquellos soñadores, tuvieran el respaldo de una familia poderosa: Los Médici. Era prioritario mostrar su talento, cada día, buscar los escasos aliados que pudiesen encontrar y contrarrestar la dominación. A pesar de ser lobeznos, sabían muy bien el tablero en el que participaban…

… Sabia muy bien que sus movimientos iban a tomar tiempo, y aunque existiera una gran probabilidad de fracaso, siempre se convertía en un gran reto de aprendizaje. Las mentes curiosas, como el lobezno consideraba la suya, debían convertir sus acciones en un redoblar de mil tambores que ocultaran el repique de campanas llamando a la conservación obsesiva de la tradición.