5 Errores que cometemos al disciplinar a nuestros hijos | Coaching para Padres

Cristina Guiza
Aug 9, 2017 · 5 min read

Cuando escuchamos la palabra “disciplina”, generalmente la conectamos con: regaño, enseñanza, represión, algunos con “pegar y gritar”, otros con educación, constancia, orden, puntualidad…

Sea cual sea la idea que tengas frente a esta palabra, la disciplina en la vida de todo ser humano es muy importante, y aún más en la formación de los hijos.

La disciplina no es otra cosa más que una serie de reglas, acuerdos, acciones y comportamientos para tener armonía en un entrono.

La disciplina nos brinda estructura, orden y seguridad; de alguna forma, nos permite tener “cierto control” sobre algunas cosas, y dime, a quién no le gusta tener control y seguridad.

Pero en el tema de los niños, esto puede ser un poco frustrante, porque estamos hablando de personas, personitas hermosas que llegaron a tu vida para ser tus maestros, (sí, aunque suene raro), tus hijos te enseñarán a escuchar, a tener tolerancia, a manejar tus emociones, a hablar de forma empática, a desprenderte de tu “ser adulto” para transformarte en un niño que puede sorprenderse con un dibujo, reír a todo pulmón frente a una ocurrencia, a embarrarte de chocolate y sobre todo, tu hijo te enseñará QUÉ NECESITA DE TI.

Sí, necesita MUCHO MÁS QUE: alimento, casa, vestido, juguetes, escuela, vacaciones, mascota, deporte, amigos, club de natación o clases del ballet; mucho más que un celular, internet, Facebook, Tablet, computadora, teléfono, y ropa de marca. NECESITA MUCHO MÁS.

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Y hoy te hablaré de DISCIPLINA porque la disciplina es FORMATIVA

Te mencionaré 5 errores comunes que puedes estar cometiendo al aplicar disciplina:

Errores comunes en la disciplina formativa y amorosa

  1. No te sientas culpable cuando tengas que corregir una actitud inapropiada; muchos padres ceden porque “sienten feo” cuando su hijo llora por algo que se le ha negado. Si tu actitud es firme, amorosa y congruente, y si la negativa tiene una base sólida, no tienes por qué sentirte culpable. Esto lleva al segundo punto.
  2. No grites, no golpees, no descalifiques, no insultes. Frases como “ya no te aguanto”, “por qué no me haces caso”, “¡ah, eres un inútil!”, “ya ves, tu hermano sí hace caso”, “ya viste, él sí se porta bien”, “me sacas de quicio”, “¿por qué no te fijas en lo que haces?”, “si no me haces caso a las tres te voy a dar… y van dos”; ¿cuáles más se te ocurren?. Con esto sólo provocas la ira de tu hijo, sí mami, tú la provocas, además de que se siente comparado y temeroso; su autoestima y sentido de responsabilidad se ven opacados por tus gritos, enojo y amenazas. Y claro, después de una reprimenda de este tipo, CLARO que te sentirás culpable, y habrá dos opciones: “es que tú me haces enojar, ya pórtate bien” (lo estás responsabilizando de tu falta de habilidad para controlar tu enojo), o la otra: “me siento tan mal por lo que hice”, y tratas de compensar con algún objeto, dulce o arrumacos. Tampoco es la solución, con esta actitud, lo que haces es callar la culpa de tu conciencia; y eso mami, NO ES AMOR. Tu hijo se sentirá confundido y temeroso, pero también aprenderá que entre más culpable te sientas, mayor será la recompensa recibida. Lo enseñarás a manipularte y peor aún, no lo enseñas a responsabilizarse por sus acciones.
  3. Volverse histérica-histórica. Y eso aplica cuando estás enojada hasta con un adulto, ¿quién recuerda interminables sermones? La verdad, ni yo los recuerdo… imagínate a tu peque, llega de la escuela con el pantalón roto, temeroso por lo que le van a decir en casa; resulta que rompió el pantalón porque se cayó, y además trae la rodilla lastimada; en cuanto entra a casa ve tu cara ¡¡¡¡!!!! “mira ese pantalón, qué te pasó… no cuidas las cosas, hago un esfuerzo para que tengas tus cosas, que tengas un buen uniforme y tú no lo cuidas, vete a cambiar, pero es que siempre lo mismo, así eres con todo, una te compra y tu destruyes… bla, bla, bla…”

- Arregla tu cama (mamá)

- Sí, ya voy, sólo termino de hacer una cosa

- Te estoy diciendo que ya, arregla tu cama (subiendo el tono)

- Ya voy (subiendo el tono)

- Siempre es lo mismo contigo, te estoy dando una orden y tu no me haces caso, así eres para todo, a ver, vamos a ver ese closet cómo está, mira parece nido de gallinas, desde cuándo te dije que lo pusieras en orden… bla, bla bla…

Lo que sucede en estos casos, es que no hay reglas claras, no hay consecuencias, no hay autoridad, sólo una mami rebasada con sus emociones, además de la tensión acumulada sabrá Dios por cuántas cosas más en su vida (trabajo, salud, pareja, dinero, etc.). Así que necesita una válvula de escape, y la válvula es tu hijo en ese momento…

Mami, tu hijo no es la válvula, tampoco el sermón histérico-histórico es la forma, y al final sólo tenemos a dos personas enojadas, uno más que otro; (y una cama desordenada y closet de terror).

4. Creer que tu hijo entiende largas explicaciones. Dicen por ahí: menos es más, y aquí es aplicable. Hace poco la mami de una nena de dos años me decía: Es que mi niña no entiende que tenemos prisa, tengo que vestirla rápido y darle el desayuno, se vuelve una lucha campal, ella sólo quiere jugar, y yo le digo, “hijita, tenemos prisa, hay que vestirte, ya es tarde, tienes que desayunar, tu papá nos está esperando, apúrate…” ¿Crees que tu hijo(a) de dos años va a entender tooooodo eso?

5. Autoridad dividida. Cuando mamá dice una cosa, papá dice otra, y si están los abuelitos, estos dicen otra. ¿Recuerdas qué te dije acerca de los acuerdos?, está es la base. Muchos padres comenten el error de descalificar la autoridad del otro, mamá prohíbe algo y papá lo contradice; papá dice no y mamá dice sí, otras veces, peor aún, discuten las decisiones enfrente de sus hijos, y eso no es bueno para nadie; uno queda como el “malo” otro queda como el “bueno” y los hijos aprenden varias cosas en este sentido: según el caso, acudirán con quién recibirán lo que desean, también aprenderán que la autoridad está dividida y esto restará respeto a ambos, no creas que por ser “el bueno(a)” sales ganando; aprenderán a manipular, y también a no regular sus emociones.

Cuando los abuelos están presentes, muchas veces ellos intervienen bajo el velo de la experiencia, los padres son los únicos responsables con el derecho y responsabilidad de la educación de sus hijos; abre el dialogo con los abuelos y explícales que la autoridad está en los padres. Si los abuelos quieren dar su opinión, se deberá hacer a puerta cerrada con los padres para llegar a acuerdos.


Si sientes que estás cometiendo estos errores con frecuencia, lee el siguiente artículo en donde te comparto 5 tips básicos para aplicar Disciplina Formativa y Amorosa clickando aquí.

    Cristina Guiza

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    Psicoterapeuta especializada en Coaching para Padres. Ayudo a mamás amorosas con la disciplina de sus hijos. Brindo sesiones individuales y talleres online.

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