Desde la ventana

Estoy aquí
un poco asqueado
vigilando la esquina
desde mi ventana
esperando
el transitar de la gente
que no se percata
cuan demente
es el vuelo del colibrí.

Se ve
la disposición de sus pasos
medida en vaivenes,
desesperados por avanzar.

Se detalla
lo corto de sus brazos
medidos por ausentes
rostros olvidados al azar.

Y cuando todos cruzan
la musicalidad de las arcadas
los espantan
corren como ratas
a las que el gato
les ha cortado la cola.

Y cuando todos se percatan

de la incoherencia de su andar
miran hacia arriba
fijándose en los nubarrones
posados sobre sus cabezas.

De pie
bajo el soporte de las vallas
sienten la humedad
de una invisible garganta

que los empapa de saliva,

recordándoles lo funesto

de lo humano.