Propongo, simplemente propongo.

Propongo que la palabra amor deje de ser utilizada, su significado ha perdido valor y ahora es un calificativo que se le puede otorgar a cualquiera. Propongo simplemente una revolución en las letras; el objetivo es sencillo, no puede existir en nuestro vocablo una palabra con esencia poética prostituida.

No hace mucho en medio de ese circulo vicioso al cual denominamos cotidianidad descubrí que el amor desde el romanticismo es catalogado como el motor máximo de cualquier expresión sentimental, es magia en su más pura expresión, es música declamada al borde de un balcón. Sin embargo, a medida que iba indagando, leyendo desde Neruda hasta Molière, pasando de Shakespeare a Singer, debatiendo entre una amalgama de narrativas y géneros literarios observé que si bien las tres fuentes de “inspiración” son la vida, la muerte y el amor, esta última es la mas corrupta de las tres. Si bien el tono empleado en mis frases hace parte de la personalidad arraigada de un hombre egoísta, crítico de lo sentimental y fracasado en el arte de amar (si, es un arte, y gracias a ello las connotaciones de belleza y locura son dignos sinónimos de tan efímera palabra) no es así, tal vez no se lea en ellas mi preocupación, pero lo estoy.

He de admitirlo, no fue un duro golpe el descubrir que el amor iniciaba en los labios de Julieta besando a Romeo y terminaba en las piernas de una puta acariciadas por Bukowski; en cierta medida eso ya lo sabía, quizá ya lo experimenté.No hay que ser un viejo, ni poseer la sabiduría de los chamanes de las antiguas tribus indígenas para darse cuenta de ello; el amor es la metáfora mas elaborada dentro los diálogos intrínsecos de esta obra teatral llamada vida. Es cierto, el amor (como sentimiento ligado al contexto de noviazgo y derivados) llega de forma extraña, súbita y sin control, altera cualquier estado actual de aquel que lo empieza a percibir; pero de la misma manera que llega se esfuma, es cambiante. Hoy amas a tu esposo, mañana él le hace ojos a la oficinista y tú, al portero de turno.

¿Qué quiero con todo este discurso? Quiero proponer simplemente que la palabra amor abandone la habitación oscura del prostíbulo donde actualmente trabaja, cambiar los párrafos y los momentos donde esta siendo utilizada; dicela a ese hombre o mujer que ha vivido contigo historias de glorias y derrotas, susurrala a tu madre y a tu padre, dedícasela a tu hijo; pero sobretodo no la gastes con la persona de turno, esa con la que sólo has compartido seis o doce meses de tu vida. Si sientes la necesidad de decirla cámbiala por otra, tal vez por te (coloque lo que desee aquí), puede que así logre salvar tan magnánima palabra.

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