Volviste a ser

Por un instante volviste a ser la que eras. Por un instante deje que lo fueras, porque ya no me aguantaba a mí mismo, ni a mi ropa. Gracias a ese instante descubrí a la Muerte. Ésta no acabó conmigo, ni se llevó mi espíritu. Al contrario, sujetó mis manos y bailamos, nos reímos y matamos a otros, cenamos mariscos y cruzamos varias calles abrazados. Por un instante volviste a ser la que eras, te alejaste y clavaste esos ojos marrones en la desnudez de mi cuerpo. Dejaste que todo te sorprendiera y, poco a poco, te decepcionara al no ver algo diferente. Para tus ojos, mis lunares dejaron de ser una constelación y se convirtieron en la última chispa de un cigarrillo a medio acabar.

Gracias a eso, todo se volvió blanco y negro; los hombres perdieron la voz, las mujeres sus gestos y los niños abandonaron sus juegos de trompo, canicas y yo-yo. Y sí, acá lo más importante es que por un instante fuiste tú, con tus piernas untadas de sangre y, entre ellas, mi ser exiliado al infinito.