El calentador de mi casa.

En mi casa hay un calentador de agua a gas, esos de fluido infinito. A casi todos los miembros de mi familia les gusta bañarse con agua muy caliente, y el exceso de calor debilitó las tuberías de bronce. Al menos eso dijo el técnico que lo arregló luego de lo sucedido en este relato.

Estaba yo en casa junto a la mamá de mi hijo, ella cocinaba el desayuno, y yo me preparaba para ducharme en el baño que se encuentra al lado de la cocina.

Luego de abrir la llave del agua caliente, esperé unos segundos para que saliera a la temperatura que a mi me agrada. Al entrar a la ducha escuché un ruido estruendoso. Dejó de salir agua caliente, solo salía la poca cantidad de agua fría que tenia abierta para regular la temperatura.

Lo que sigue me asusto mucho. Escuché una serie de sonidos que juntos significaban que algo peligrosísimo estaba ocurriendo; agua botándose como de un tubo roto, aire brotando a alta presión y la chispa que normalmente se genera solo un par de veces al momento de encender el calentador, pero en este caso, la repetición de esa chispa era constante.

Todas estas pistas sonoras, sumando la falta de agua caliente, me ayudaron a deducir que el calentador se rompió, el agua estaba cayendo sin cesar, el gas salía sin control, y la chispa que lo enciende estaba continuamente intentado hacer su trabajo.

Al presumir qué pasaba afuera del baño, otro sonido empeoró la situación; empecé a escuchar gritos, pero de la clase de los que oyes en una película de horror.

Los gritos no eran:

.- ¡AAAH EL GAS ESTA SALIENDO_! — No

.- ¡AAAH El AGUA SE ESTA BOTANDO_! — No

Eran solamente gritos sin palabras de la persona que estaba afuera del baño.

¿Qué podía yo deducir con esta nueva pista_?

Que ella estaba herida de alguna manera.

Me puse la toalla alrededor de la cintura, y giré la perilla de la puerta, pero lo hice con tanta fuerza que la rompí, pero no se abrió.

La perilla me había quedado en la mano. La solté e intenté abrir la puerta girando el tubo que sujeta esa perilla. Ni siquiera la fuerza sobrenatural que me brindó la adrenalina, me permitió abrir la puerta de esa manera.

Tenía las manos resbalosas por el agua que nunca sequé, y el sudor que siempre brota de mis manos cuando estoy nervioso.

Los gritos continuaban. Pero esta vez se movieron y sonaban más lejos.

El pánico me embargaba y yo no sabía como salir del baño. Estaba desesperado.

Empecé a imaginarla en el piso con un brazo y dos costillas rotas, debido al piso mojado y resbaloso. Luego la imaginé envuelta en llamas.

Recordé que la cocina tenía dos hornillas encendidas, debido a las arepas y los huevos fritos que nos íbamos a desayunar.

Y el pánico tomó control. Sin pensar metí mi mano por las rendijas que tienen las puertas de los baños en la parte de abajo. Y halé con toda mi fuerza. Rompiendo la madera de la puerta pero golpeándome con esta, ya que se abre hacia adentro.

Estaba aturdido por el golpe. Observé lo que de verdad estaba pasando.

Ciertamente el gas salía a presión y la chispa se activaba constantemente, pero el agua que se estaba botando, lo hacia encima de todo este coctel químico de combustión, evitando que se desatara el infierno en mi apartamento.

Al voltear hacia la cocina los huevos estaban listos y las arepas se estaban pasando de cocción. Los Apagué.

Y al girar hacia la sala, la madre de mi hijo, la misma que en mi mente había muerto de manera horrible 30 segundos antes dejándome viudo. En realidad estaba agachada pegando gritos como loca, y al verme me señaló el calentador sin articular ninguna palabra, pero sin dejar de gritar.

.- ¡Cierra el agua_! — le grité señalándole la puerta, ya que la llave principal está afuera.

Luego de gritar me mareé un poco, pero logré cerrar la válvula del gas que esta debajo de la cocina. Dejó de sonar el aire saliendo a presión.

Enseguida mi cuerpo dejó de soltar adrenalina en mi torrente sanguíneo, y me desplomé. Caí al piso estrepitosamente y justo antes de cerrar los ojos forzosamente, vi como el agua que se botaba del calentador dejó de salir.

Al regresar, y verme tirado en el piso, afortunadamente no empezó a gritar. Me ayudó a sentarme en una silla del comedor, para luego darse cuenta que tenía sangre en mi cuello que venia corriendo detrás de mi oreja y entre el cabello.

Me revisó bien y encontró una herida sangrante en la parte superior de la cabeza. La tocó y el dolor casi hizo que me desmayara de nuevo.

.- ¿Cómo te hiciste eso_? – Me preguntó asustada.

No pude responderle, pero si recordé el momento en que abrí la puerta con fuerza bruta. Pero por bruta solo quiero decir que, muy gafamente me clave el tubo que sujeta la perilla, en la cabeza.

Como pudo me llevó al cuarto, en donde me acosté. Me quedé dormido, y al despertar tenía un dreadlock de sangre seca asqueroso, que hacía casi imposible revisar la herida.

Tuve que bañarme. Con cuidado por supuesto, porque el dolor era muchísimo, y no dejaba de sangrar, tuve que hacerlo con agua fría, claro está.

Ella intentó parar el sangrado y curarme, pero fue imposible con tanto cabello. La única solución que encontré fue cortármelo.

Me pasé la afeitadora eléctrica yo mismo, porque la piel se levantaba y a ella le daba asco la escena. Y al finalizar logró acceder a la herida, para poder echarle los medicamentos adecuados, y luego de eso se detuvo el sangrado y el dolor.

Me bañé con agua fría todos los días por una semana. Lastimosamente el repuesto del calentador no se conseguía, y comprar otro calentador era mucho dinero.

Y desde que lo repararon, todos miramos al aparato, como quien mira una bomba de tiempo.

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