No sé si será el verano, o la acumulación de estos últimos veranos que para otros son los inviernos. Temporadas de estar aislado en casa, con todo cerrado, en parte por este calor mesetario, y en parte por evitar reflejos en el espejo que me recuerden mi mirada aterrada ante el día a día.

No consigo dormir por las noches, no más de un par de horas a lo sumo, con sueños que no difieren de lo que vivo en vigilia, por lo que me parece estar siempre despierto, con el móvil en silencio para evitar que suenen llamadas que no quiero contestar.

Mi futuro está al alcance de la mano desde hace al menos cinco años, y tengo los dedos gastados de rozarlo apenas, pero siempre da un paso atrás por cada uno que doy yo. Me tiene cogida la distancia el muy cabrón. Y he llegado a un punto donde no puedo echarme atrás, dejarlo todo y empezar de nuevo. Hay demasiado implicado, y demasiados. De modo que no me queda otra que huir hacia adelante.

Si todo va como debiera, como ya me toca, una tarde de otoño apareceré en el norte, donde llevo soñando vivir desde hace tanto que no me acuerdo. En una nueva casa, una nueva aventura, con nueva compañía y el miedo que siempre me pisa los talones. ¿Y si aquello tampoco funciona? ¿Y si aquello que tengo casi al alcance de la mano se aleja tres saltos por cada pasito mío? Y si pierdo sueños, compañía, amigos, familia…

Siempre he sido optimista a pesar de todo, de mis circunstancias, incluso de la que me he creado yo mismo. Necesito escapar de estas cuatro paredes, de este calor, este bochorno que baña todo de un amarillo anaranjado casi indecente y brinda una textura blanda a lo que tengo alrededor. Necesito lluvia que me empape hasta los huesos en paseos largos, que me limpie de preocupaciones al menos por un tiempo. Que en vez de pensar en cómo haré para pagar lo que tengo que pagar, lo haga en qué pondré mañana de desayuno a quien venga a alojarse, en arreglar esto o aquello, en que el hórreo necesita una revisión, en cambiar bombillas, en aquello que no me he preocupado en los últimos tiempos.

Llevo tanto practicando que ya me sale sola, la sonrisa automática que indica que todo va bien, y afinando un poco, hasta la mirada la refrenda. Quizá dentro de un par de meses incluso yo me lo crea.

Lo veremos. Lo veréis.

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