Tarantino vs. Snoopy

No soy alguien que vaya al cine tantas veces como quisiera. Pero cuando lo hago, trato de ir a ver mínimo dos películas.

Trato de que sean películas que tengan, en algún sentido, algún tipo de conexión (al menos para mí). Elysium (Neill Blomkamp, 2013) con Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), por ejemplo. O Gone Girl (David Fincher, 2014) con Interstellar (Christopher Nolan, 2014). O The Grand Budapest Hotel (Wes Anderson, 2014) con Her (Spike Jonze, 2013) con Inside Llewyn Davis (hermanos Coen, 2013). Películas que, alguna forma, al menos para mí, están conectadas. Hoy, sin embargo (y cuando digo hoy, me refiero a ayer), las dos películas que vi son tan disímiles que hasta yo no termino de entender por qué decidí que fuesen esas y no otras. Y… lo cierto es que esperar hasta las nueve de la noche para ver Steve Jobs (Danny Boyle, 2015) me resultaba dificultoso, así que decidí que fuesen, finalmente, estas dos.

The Hateful Eight (Quentin Tarantino, 2015)

A esta altura del partido, Tarantino es un director en quien puedo confiar. Y no es que considere que sea el mejor director del mundo ni que toda su obra es magnífica. Pero tiene una estética y un estilo con los que logro enganchar fácilmente. Es capaz de desafiarse a sí mismo y lograrlo. Me refiero con esto último a que esta es, probablemente, su película más inteligente.

Y no, no es que la considere mejor que Reservoir Dogs (1992) o Inglourious Basterds (2009), pero sí hay muchas cosas a su favor.

La película comienza con el mayor Marquis Warren, un cazarrecompensas negro, en medio de la nieve, pidiendo transporte a una carroza que en sus interiores tiene a John Ruth, otro cazarrecompensas que tiene esposada a Daisy Domergue, quien será ejecutada apenas lleguen a Red Rock. En medio del camino, se encuentran con Chris Mannix, quien dice ser el nuevo sheriff de Red Rock y que les pide que, por favor, lo lleven a la ciudad para que le puedan dar su nueva placa y así, además, poder darle el dinero correspondiente a ambos por los cuerpos entregados.

Una fuerte tormenta los obliga a aguardar en una cabaña. En ella se encuentran con otros personajes no menos curiosos, con los que tendrán que convivir por mucho tiempo, hasta que la tormenta cese.

Desde el principio, la película se nos presenta como una prueba de confianza, si así se quiere decir, en la que el espectador debe tratar de descifrar quién está mintiendo, quien está implicado, quien asesinará a quien.

Si Sergio Leone hacía algo parecido en sus míticas escenas de los tres forajidos mirándose de reojo, a ver quién desenfundaba primero, Tarantino lo hace a través de su arma narrativa más poderosa: los diálogos.

Tarantino es reconocido por ser capaz de crear personajes atractivos y ambientes interesantes. Sin embargo, para que esto funcione, los personajes deben lograr que sus conversaciones, y el ritmo de estas, no solo vayan acorde con la situación, sino que parezcan naturales y que quien vea la película logre enganchar con lo que dicen, con lo que está sucediendo. En The Hateful Eight en particular, el diálogo toma una importancia mayor, ya que uno debe tratar de descubrir quien aquí puede ser cómplice, quien es amigo o enemigo.

Hubo un par de escenas que, en lo particular, no me convencieron del todo y que me parecieron un poco abusivas del estilo, pero seamos sinceros: Tarantino es alguien que, a esta altura, se puede dar los lujos que quiera, como (eh… ¿spoilers?) hacer que Kurt Russell vomite sangre en la cara a Jennifer Jason Leigh, que Channing Tatum le vuele los testículos a Samuel L. Jackson y que Samuel L. Jackson le vuele la tapa de los sesos a Channing Tatum, y que de repente, al empezar el episodio cuatro, Tarantino aparezca, en forma de narrador, diciendo, oh, ¿sabes qué?, hubo algo que se me olvidó contarles: alguien envenenó el café.

Para alguien que ha disfrutado las siete películas anteriores de Tarantino, algunas más, algunas menos, salí bastante satisfecho del cine tras haber visto esta película.

The Peanuts Movie (Steve Martino, 2015)

El cine infantil es un camino peligroso. Las decisiones que se tomen, hay que tomarlas con sumo cuidado. Mal que mal, al hacer cine para niños se debe comprender el nivel de trama que se va a presentar, los chistes, las frases…

Ejemplos de películas infantiles malas tenemos por montones: la de Garfield, las dos de los Pitufos, la del Oso Yogi, las cuatro Alvin y las Ardillas… Illumination Entertainment supo arreglárselas bien con las dos Mi villano favorito, pero a cambio dieron una aburrida Hop, una pésima El Lórax y una insufrible Los Minions. Incluso Pixar tiene su piedra en el zapato llamada Cars. Disney ha logrado reponerse después de un período de malas películas (que van desde Dinosaurio hasta Bolt o La princesa y el sapo) y ahora Enredados o Frozen le devolvieron el status de grandeza que siempre ostentó. Laika, con películas como Coraline, ParaNorman y los Boxtrolls, han sabido hacer animación que juega con la concepción de lo infantil y lo adulto, sabiendo diferenciar el límite de uno y otro lado; Dreamworks también juega con ambos conceptos, aunque de forma un tanto más sutil, y por eso tienen películas como Shrek 2, Bee Movie y Megamente, aunque sus mejores trabajos, en mi opinión, son las tres Madagascar, las dos Cómo entrenar a tu dragón y las dos Kung Fu Panda.

Aquí hay que detenerse y hablar de Blue Sky. Compañía de cine de animación que pilló por sorpresa a todos cuando en el 2002 presentó su primera película, La Era de Hielo, que incluso fue candidata al Oscar a mejor película animada (aunque perdiendo al lado de la magistral Viaje de Chihiro de Miyazaki). Después de eso, sin embargo, el resto de filmografía se fue yendo en picada. No solo con las tres secuelas innecesarias de La Era del Hielo, sino también por una estúpida Robots, las dos bellas pero insoportables Rio, una olvidable Epic y una rescatable aunque nada maravillosa Horton y el mundo de los Quien.

El problema que tuvo esta compañía es que no lograron reconocer la barrera entre el humor adulto y el infantil, creyeron que el humor de golpe o el humor rápido enganchaba a los niños con un par de risas, pero después no ofrecieron nada más que sustentara las bromas, y confiaron demasiado en los personajes divertidos.

Es por eso que no confiaba que esta compañía se hiciera cargo de la película de Charlie Brown y Snoopy.

Pero, afortunadamente, me equivoqué.

No es que crea que no vayan a seguir haciendo malas películas; de hecho, antes de la función principal, dieron un cortometraje en el que Scrat, esa ardilla que constantemente ve frustrados sus intentos de poder guardar su bellota, entra a una nave espacial (que, sí, es una especie de adelanto de que será la quinta Era del Hielo). El cortometraje se basaba en ver al personaje torturado mientras volaba la nave, siendo golpeado a cada rato y gritando histérico.

No fue una buena puerta de entrada, pero al empezar la película, no pude evitar sonreír: el trazo, la animación, la textura, me ganaron rápidamente.

Los personajes se acomodaban bien a lo que recordamos de cada uno de ellos. Es de destacar este punto, porque lo que suelen hacer este tipo de película es darle un nuevo estilo a los personajes y, con ello, matando todo lo que hizo que los recordáramos en primer lugar.

Los chistes eran del humor clásico de Schulz, breves, tiernos, inteligentes. Los diálogos tienen esas vueltas, no solo típicas de los niños, sino que originales de las historietas.

Y lo mejor de todo: es una película infantil inteligente, y que no tiene que utilizar de chistes adultos (o semi-adultos) para demostrar esa inteligencia. Muchas películas han caído en ese error, de utilizar humor “ de adultos” para terminar o complementar un chiste; eso está bien cuando lo haces como lo han hecho Dreamworks o Laika, pero, repito, Blue Sky había fallado repetidas veces en eso mismo. Sin embargo, aquí el humor es tierno, vivaz, simple (de simplicidad, no de simpleza).

Es ciertos rasgos, me recuerda a lo sucedido con Mr. Peabody & Sherman. Si bien la película no fue del gusto de todos porque no captaba en totalidad la esencia de la aventura, no se puede decir que fuese una mala película, porque al menos intentó ser inteligente y asequible y sin desvirtuar en su totalidad las características de sus protagonistas.

Aquí, en The Peanuts Movie, es lo mismo. La película te lleva de un lado a otro con inteligencia, sin aburrir y sin ser grosera. Superó con crecer mis expectativas.