Gallinero, cloacas y circo

Foto: www.iloveclicks.es

No sé si mis vecinos «quiere el alcalde que sean los vecinos el alcalde» ni sé si soy español o «mucho español». Tampoco sé si soy o dejo de ser «casta». No sé si me quiero parecer a Dinamarca en la política impositiva vista la base económica y social de este país en la actualidad y, perdonen mi desconfianza, no creo en nuevas viejas fórmulas caducas.

La política en España es un gallinero en el que al más mínimo escobazo revolotean políticos en televisiones, contertulios y simulaciones de una sabiduría efímera una vez que han pasado las elecciones. La imagen de cercanía que pretenden hacernos creer es la de tender nuestra mano para que la gallina nos pique en la palma y se acabe llevando la miga de pan.

La farándula electoral no ha hecho más que comenzar y mi sensación es de hastío. No sé si el huevo que incuban lo podré aprovechar para algo o simplemente se acabará rompiendo al más mínimo encontronazo. Si se va a separar la clara de la yema, tendremos huevos rotos con o sin jamón o estarán rellenos de naderías.

Mientras buscamos gallo para este corral llamado Moncloa, nos sumergen en un maremágnum de gráficas, datos y predicciones de todólogos que dicen saber pero no saben que tratan de sembrar en nosotros el caos mental convirtiéndose en una alternativa-bucle que nos engulle hasta fagocitarnos si no entendemos lo que nos quieren vender -recuérdese el famoso refrán «El que regala bien vende si el que lo compra lo entiende»-.

Las cloacas mentales están repletas de banalidades que se sueltan sin el más mínimo pudor solo porque «estamos en campaña» y nuestra clase política farda de haberlas limpiado cuando aún siguen quedando bacterias que pueden volver a llenarlas de un pasado aún no finiquitado.

Bienvenidos al espectáculo del circo mediático electoral que recorrerá de norte a sur y de este a oeste la geografía española abriéndonos el cerebro con un abrelatas hasta dejar vacío el recipiente y tirarlo al contenedor que antes les pille, eso sí, sin reciclar. ¿Para qué?

Ya están listos equilibristas económicos, periodistas animadores, malabaristas de opinión y fieras dispuestas a ser exhibidas ante la atenta mirada de unos cuantos palmeros que aplauden porque no tienen otra cosa mejor que hacer.

La entrada es gratuita y la comisión por espectáculo no incluye IVA cultural porque la cultura hace tiempo que se suicidó en España. No encontró ni en la música, ni en el cine ni en la educación un motivo para no hacerlo.

Como consejo: abran los ojos -vayan al oculista si hace falta-, cómprense una criba en el chino más cercano, agarren los tapones para dormir plácidamente y el 20-D hágannos el favor a todos y no confundan la papeleta con la publicidad del buzón de casa.