El final de Roger Federer

David Sánchez
Sep 4, 2018 · 2 min read
Roger Federer reposa en el banco durante su partido de octavos de final del US Open 2018 ante John Millman [Fotografía: AFP]

El tiempo nunca espera. El tiempo pasa. Lapida. Marchita. A veces rejuvenece; otras tantas machaca. Quema. Abrasa la ilusión. La rompe. La despedaza. El tiempo es el mayor y el mejor de los intangibles. Pero el final se acerca. El final de Roger Federer habrá de venir. Algún día. Tic, tac.

Todavía es pronto para llorar su pérdida. Sin embargo, es preciso conservar aún la calma. Sosegarse. Respirar. La vejez deportiva es el mal del espectador. Porque cuando caduca el ídolo, la nostalgia recorre el cuerpo y deja ese escalofrío (in) esperado. Da igual la estación del año en que estemos.

En Nueva York se cae el rascacielos de la década pasada. Federer muere en el infierno de la Ashe impotente ante sí mismo, ante Millman y ante el paraje que le inflige al suizo su peor derrota en un Grand Slam desde el Abierto de Australia 2015.

«Nos costará mucho evocar a Federer cuando ya no esté porque llevamos, sin saberlo, toda una vida recordándolo»

En el banco, el ventilador flirtea con el aire, como Federer lo hace con la retirada, en su cabeza, que nunca vacila al paso de los días. Queda su sombra. Esa que el helvético niega en cada entrevista. Porque sabe que, tras esa decisión, será todo distinto. Nos costará mucho evocar a Federer cuando ya no esté porque llevamos, sin saberlo, toda una vida recordándolo.

Su revés a una mano, signo de la aristocracia del tenis. Distinguida. Como él. Su caminar. Su derecha abierta. Su forma de encaramarse a la bola. De mimarla. De romperla. Cuando uno ve el tenis de Roger Federer, el tenis es algo más que un combate, es un estilo de vida.

«Cuando uno ve el tenis de Roger Federer, el tenis es algo más que un combate, es un estilo de vida»

Ahí se despide. Colgando su raquetero rojo al hombro. En el otro, la bolsa de la ropa. Alza la mano y se da media vuelta. En él el sudor y la reflexión por la derrota. El final se acerca. Tic, tac. A mí que me pille lejos.

David Sánchez (Twitter: @DASanchez__)

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