Cómo estar vivo sin morir en el intento.
Paso mis días escuchando música, haciendo música. Escuchando la música de la lluvia, de la luz del sol que se refleja en el mundo que me rodea. Escuchando y hablando a las personas que me rodean, escribiendo mis ideas, mis miedos, las inquietudes que me mantienen despierto, con las que me voy a dormir. Llenando páginas y páginas de palabras que pulsan desde mi cerebro, a través de mis dedos, a las teclas. Leyendo ciencia ficción y soñando con el futuro. Con la tecnología, con las ciencias como religión.
Sumergiéndome en videojuegos, y en otras formas digitales contemporáneas de experimentar. Sintiendo arte a mi alrededor, e intentando expresarla, aprendiendo a resignificarla con palabras nuevas, con sonidos, con imágenes que salen de mí, cada vez más complejas, en su propio vórtice de evolución.
Aprendiendo. Aprendiendo. Aprendiendo más. Aprendiendo qué es estar vivo, ser humano, percibir, sentir, compartir, vivir.
Y cuestionándome. Preguntándome, por encima de todo, ¿cómo hacer para vivir así indefinidamente? ¿cómo puedo vivir de esto tan bueno? ¿cómo puedo alejarme de las preocupaciones que me han sido impuestas? El dinero, la vida social, el progreso, la velocidad vertiginosa a la que se mueve el mundo.
¿Cómo puedo detener el tiempo? ¿cómo ser, y vivir, eternamente, de la forma que quiero ser, de la forma que quiero vivir?
¿cómo puedo quedarme aquí, sin afán de irme? ¿Cómo apaciguar el afán, las ansias de explorar más allá, de ir más fuerte, de caer más profundo, de elevarse a capas más altas?
¿cómo estar vivo sin morir en el intento?