Salto a la no-muerte.

La ciencia ficción es la humanidad dándose cuenta de que se acerca otra revolución, no-industrial.
Una que no durará ciento cincuenta años,
Y de la cual no se sabrá hasta después de que haya pasado, si ha pasado siquiera todavía.
Si hay algunos que van delante y otros que van detrás.
Prefiero ir con los primeros, con los que van adelante,
abriendo el camino, experimentando sin temor.
Sin tener que temer a la muerte,
que no es más que una afección curiosa,
un guiño casi burlón a nuestros antepasados.

Somos los hijos de todos los maestros anteriores
que han vivido y muerto antes que nosotros,
que han entendido la vida, que han estirado la pata y pisado el suelo de la muerte,
que nos entienden porque ya fueron nosotros,
porque nos miran, encubiertos, inocentes en apariencia,
esperando que seamos los primeros
que saltan, pero no para poner el pie en la tumba,
sino para llegar más lejos.
Saltan a lo que les dan los pies cansados, las manos ajadas,
el tiempo casi olvidado, pero remixado incansablemente.

Para pensar más rápido.
Para sentir más fuerte.
Para tener frío y calor extremos, dos mil cuarenta y ocho sensaciones nuevas,
canales y caminos para conectar, comunicar.

Dicen que la música habla.
Digo que habla del futuro,
de mi futuro.
Al que me esfuerzo en encajar.
A través del dinero, a través del tiempo.
Hacia lo desconocido, indecible, singularitario.

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