Duermo en su pecho


Duermo en su pecho y siento una tranquilidad tan grande.

Apoyo mi cabeza en su pecho, y no duermo. Me quedo mirando, la nada, la pared. No duermo en realidad.

Cierro los ojos, con mi cabeza en su pecho y sonrío. Sé que siente mi sonrisa en su pecho. Me aprieta fuerte contra él. Duermo.

Suspiro y no tengo miedo. No temo a los fracasos, no temo a la soledad, no temo a caminar solo, no le temo a la oscuridad, a que una mano me tome del tobillo como pasa en las películas. No temo.

Duermo en su pecho y en silencio le agradezco por este momento.

Me alejo. Me busca y me devuelve a su pecho. Sabe que me gusta, que es mi lugar. Duermo en su pecho.

Duermo y ya no importan las discusiones tontas, los malos chistes, mis pérdidas de memoria inoportunas, mi falta de tacto a veces.

Duermo y me siento feliz de haberme permitido amarlo. De amarlo. Ahora mismo mientras escribo esto y él está lejos.

Lo amo.

Lo extraño.

A él.

A su pecho.

A dormir en su pecho.