
LA CONCEPCIÓN MODERNA DE LA UNIVERSIDAD.
El doctor Rolando Tamayo y Salmorán después de una exhaustiva investigación en México y en el extranjero, nos construye de manera escalonada la historia de la evolución de la Universidad, como institución moderna y capaz de hacer cambios en sistemas sociales y políticos, tal como nuestra cosmovisión moderna la conoce. Comienza haciendo un énfasis en la historia del feudalismo europeo y la crisis que sufrió el desarrollo cognoscitivo en las partes del globo. El expansionismo científico fue decadente debido a la nula o escasa necesidad del entendimiento, ya que la condición pasiva de las personas se resumía en las monotonías de la vida cotidiana. Planchar, sembrar, dar, comer, etc. Sólo un núcleo privilegiado, normalmente ligadas a los personajes religiosos, tenía el poder del conocimiento.
Italia fue el epicentro de donde surgen las universidades. Las iglesias tenían lugares especiales donde el Scholasticus enseñaba doctrina religiosa. Estos lugares eran abiertos a cualquier público capaz de mantenerse y estar en enseñanza continua. La constante evolución magisterial no habría sido capaz sino es por la ayuda de los traductores, que eran pilares de la enseñanza europea, principalmente española. Dentro de estos, se encuentra la famosísima Universidad de Bolonia, donde Irineo completa, ordena, analiza y clarifica el Corpus Iuris Civilis, para una correcta propagación del derecho y así fundar la escuela de los glosadores, que se encargaban de comentar la obra justinianea para una mejor interpretación del mismo.
Cabe mencionar que los alumnos eran quienes contrataban el servicio de un docto para que les enseñara la materia en donde era especialista, antecedente tangible de la universitas discipolorum. En México también existió algo parecido con los hijos de las familias nobles o criollas (como señala Fernández de Lizardi en el Periquillo Sarniento). Dentro de la obra de Salmorán me llama la atención cómo refiere la simbiosis social y cultural de alumnos de todas partes del continente sólo para tomar clase con un maestro. Y como siempre, el poder espiritual y temporal se debatían el poder de otorgar concesiones hacia los discípulos. Me sorprendió también cómo los jóvenes universitarios invertían sus fines de semana en borracheras y pleitos que alborotaron la vida de metrópolis muy importantes, como la de Italia. Pero los intereses superiores del dinero en el Vaticano y en los gobiernos sentaron tribunales especiales para los estudiantes, haciéndolos casi omnipotentes en cuanto a su esfera volitiva se refiere.
Salmorán también nos recrea la historia de Universidades muy importantes y en distintos lugares. Por ejemplo la Universidad de Oxford, cuyo génesis es una acelerada ambición eclesiástica por mantener la enseñanza doctrinal, del latín y de artes menores. Después toma modelos del chancellor como compañero del obispo y después elegido de la comunidad magisterial. Al pasar el tiempo, se le otorga la autonomía de jurisdicción a Oxford y es centro de estudios nacionales y auspiciadas por la corona inglesa, sin tener que luchar contra doctrinas teológicas o la constante presión papal del control universitario.
España, que es un país fundador de nuestra cultura, no fue la excepción del resto de Europa. Alfonso X ordenó la traducción de textos árabes que los pueblos originarios habían dejado en la península Hispánica. Los privilegios eran auspiciados por el rey y había una amplia propagación en el latín, en el Derecho, en la medicina, en la teología y las matemáticas. El autor también nos muestra una seria de legislaciones que gobernaron la comunidad universitaria española, donde se ordena su guianza, su contemplación, la relación alumno-maestro, la cantidad de maestros y la proporción de su salario, sus materiales de estudio y la legislación correspondiente al cometer acciones contrarias a ese mismo reglamento.
Salmorán termina dando una breve síntesis de lo que hoy conocemos como universidad, a lo que él refiere como studium. Después del largo proceso evolutivo e histórico, las universidades por fin se dividían en Facultades, de las cuales la Facultad de Jurisprudencia, la Facultad de Medicina y la Facultad de Teología eran las llamadas Facultades Superiores. Los maestros adquirieron el título de doctores, y cada facultad tenía un decano; que en conjunto seleccionaban al rector. Aproximadamente eran 5 años de estudio de la carrera del studium donde también estudiaban artes. En la rama jurídica existían diplomados de redacción llamadas ars dictaminis, donde tuvieron gran importancia en el estudio y vida del Derecho. Los estudios se impartían en lectio, donde el maestro leía los textos de estudio, los comentaba y analizaba junto con los alumnos. También el debate fungió una utilidad imprescindible, porque al hacer públicamente los argumentos sobre un teme específico, se expandía el conocimiento de la ciencia; que poco después tornó costumbre y se aplicaban preguntas a los alumnos para evaluar su nivel de argumentación, que llamamos ars disputandi.
La universidad también significó una corporación, que en el Medioevo era importantísimo formar parte de un grupo, gremio o asociación para dar sentido de identidad a una parte de la sociedad y a la persona misma. En esa misma vivías y morías, porque reflejaba la clase social de la cual eras parte (como los abogados postulantes en Inglaterra). Al igual que los gremios europeos, el studium determinó una enseñanza para laborar en un oficio o un trabajo académico, y al final de la evolución también determinó el nivel cultural o social que tenía cada país.
En la actualidad, podemos entender la Universidad como el lugar donde forjamos nestro carácter y adquirimos las habilidades necesarias para trabajar en una ciencia u oficio de nuestra preferencia. Pero creo que hemos perdido de vista parte del propósito de las universidades: hacer grandes ciudadanos, sentirnos pertenecientes a una parte de la población que busca engrandecer la vida de nuestro país. Al manos la Universidad Nacional es resultado de una rica historia novohispana, iniciando como la Real y Pontificia Universidad de México, adquiriendo el reconocimiento de la Nueva España. Así podemos sentirnos orgullosos del desarrollo académico que hemos tenido, la evolución histórica que hemos vivido pero también sentirnos comprometidos con el crecimiento de nuestra comunidad. Las facultades, los institutos, los museos, las bibliotecas, teatros, etc., tenemos un amplio poder sobre la sociedad, capaz de influir política e intelectualmente en las venas de nuestra sociedad. Como lo hemos hecho en múltiples ocasiones, en 1968, en 1999 y en la actualidad. Así permitir que por nuestra raza hable nuestro espíritu.
