A ver, nenes… Una cosa…

Hace no mucho volví a escuchar una entrega del podcast Vuelo 180 en la que los integrantes del mismo (con la colaboración de la gente de Vaya Mierda de Podcast) hablaban de películas que no les gustaban a pesar de que, paradójicamente, parecían tenerlo todo para gustarles.

Creo que a todos nos ha pasado eso muchas veces, no ya sólo con películas, sino con libros, programas de televisión e incluso videojuegos. Y a eso voy. Yo mismo tengo una larga lista de juegos que, a pesar de que lo tenían todo para gustarme, he terminado por aborrecer; juegos a los que he tenido que decir: “lo siento, he hecho todo lo que he podido por amarte, pero lo nuestro no puede ser”. Precisamente Gravity Rush es uno de esos juegos. Creedme si os digo que he intentado un montón de veces hacer de tripas corazón y darle oportunidades, pero no. La idea de esos continuos “cambios de eje” de la protagonista puede ser cojonuda sobre el papel, pero en la práctica me desconcierta y desorienta muchísimo. Os puedo asegurar que Gravity Rush es el único videojuego que me ha dado ganas de vomitar; no en plan metafórico, como crítica impresionista destructiva, no, sino literalmente: ganas de echar la raba de puro mareo, desorientación y ansiedad.

Entiendo que el problema es mío y sólo mío. Tengo un pésimo sentido de la orientación, tengo graves problemas de atención y concentración, soy disléxico… Sería injusto proyectar mi mierda en un juego que, por otro lado, tiene una factura técnica acojonante y que ha sido de los pocos intentos serios (por no decir el único) por parte de Sony de hacer una killer app para PS Vita, una consola que, aunque yo amo con locura por motivos que no vienen al caso, ha sido el niño gafotas marginado y collejeado de esta generación de portátiles (ya tendremos tiempo de partirnos la ñocla de risa cuando los hipsters coponievistas de dentro de unos años la reivindiquen como “joya de culto incomprendida”, tras pasarse años poniéndola a caer de un burro, como ya ocurrió con la Turbografx, la Dreamcast o la primera Xbox, pero bueno, ese es otro tema).

Me estoy liando. Voy al tema.

Seguro que muchos de vosotros, cansaliebres, tenéis un buen puñado de juegos que caen en esa categoría de “he hecho lo que he podido por que me gusten, pero no”. Juegos que lo tenían todo para molaros pero que se quedaron en una enorme decepción o, como poco, en indiferencia. Juegos de los que habéis pensado “bueno, a lo mejor es un gusto adquirido, como el gintónic, que sabe a Ajax Pino pero mis amigos con barba, dilatas y gafas de pasta de colores ácidos se bajan 15 al día sin que les tiemble el pulso”, pero al final habéis terminado colocando en la estantería como mero elemento decorativo atrapa-polvo o malvendiendo en un Game porque, simplemente, no os entraban.

¿Cuáles son, para vosotros, esos juegos?

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