
Sonorama ‘20 aniversario’
O de cómo lo indie pasó de moda.
“La vida es lo que pasa entre Sonorama y Sonorama”. Ese ha sido el eslogan ‘no oficial’ del festival que, cada año (y desde hace 20), pone el nombre de Aranda de Duero en el GPS de miles de personas. Un evento que ha ido evolucionando con el tiempo hasta llegar a lo que hemos podido ver este 2017, es decir, una mega-propuesta musical que permite a los asistentes crearse su propio festival “a la carta”.
La premisa que manejaba ‘Art de Troya’ era sencilla:
“Queremos hacer un homenaje a la música española. Volveremos el año que viene con esas sorpresas internacionales, pero es que eso lo tienes en cualquier festival. Ya era hora de honrar de dónde venimos”.
Así lo explicaba el propio director del festival, Javier Ajenjo, cuando habló con los compañeros de ‘Autoentrevistas’. Una idea, la de ‘homenaje’, que recorrió el festival de escenario a escenario, día a día, sin dejar a nadie indiferente.
Dos escrituras a elegir

Sonorama tiene ‘dos sabores’ durante la semana. Por un lado, y como se encargan de recordar desde la organización, no dejan de buscar que Aranda siga siendo el alma de todo el festival. Por eso, para que la gente pueda disfrutar antes de que llegue ‘la marabunta’, las actividades comenzaron el lunes 7 de agosto. La inauguración oficiosa (que no oficial) se anuncia con un monólogo y, sobre todo, se confirma con una Jam Session. Todo puede parecer normal hasta aquí. Sin embargo, es bueno reseñar que ese concurso se sigue haciendo en una cochera junto a un bar. Algo tan enorme como Sonorama sigue jugando con estos pequeños detalles.
El otro sabor se dio a conocer el miércoles. Hecha, de nuevo, la fusión con los arandinos, llega la apertura de puertas de la zona de acampada. El Parque General Gutiérrez se convierte anualmente en el campamento base de cientos de cuadrillas que, tras arrasar con los comercios cercanos para aprovisionarse, se dirigen al escenario “Desperados”. Este año, los encargados de abrir Sonorama oficialmente (ahora sí) fueron Amaro Ferreiro, Luis Brea, Rufus T. Firefly y Varry Brava. ¿Un buen resumen de estos conciertos? El que hizo J. Nieto en Dod Magazine.
Arandinos y visitantes, ya en perfecta comunión, se fueron a descansar. Eso sí, con la mirada puesta en el programa de un festival que ofrecía 20 horas diarias de actividades.
Empieza la fiesta
Despertarse, vestirse, quedar con la cuadrilla, almorzar en alguno de los cientos de bares que tiene Aranda y buscar el siguiente objetivo: la Plaza del Trigo. El escenario Radio 3 abrió la mañana de la mejor manera posible. Los madrileños Morgan hicieron vibrar a los que allí estaban (la plaza estaba ‘abarrotá’). Pocas propuestas hay en el panorama actual como la de este conjunto.Y pocas voces como la de su vocalista y pianista, Carolina de Juan.

Un concierto en el que no sólo tocaron los temas de su primer trabajo, sino que hicieron un pequeño avance de su próximo álbum. Si aún no los conoces, ponle remedio. Pocas crónicas te pedirán que dejes de leer. Esta es una. Dedícate unos minutos a disfrutar con este “Home”.
A continuación, y con la Plaza del Trigo gritando Escenario principal a Morgan, llegó el momento de Kuve.

Poco espacio para los asistentes, entregados a los ritmos de la banda encabezada por Maryan Frutos. Un concierto en el que los saltos estuvieron a la orden del día, y que consiguió dar un giro de 180 grados a la mañana. Dos propuestas diametralmente opuestas (la de Morgan y Kuve) que, sin embargo, engancharon a los asistentes y animaron el arranque del 20 aniversario del Sonorama.
Tengo una ‘super-banda’ de Rock&Roll
La tarde llega al recinto ferial de Aranda y, con ella, se abren las puertas del Sonorama para todos aquellos que acaban de llegar a la ‘villa que alegra Castilla’ (o que han resistido como titanes la potencia de las primeras horas del festival y a la inmensa cola para entrar).
El menú sonorámico comenzó ofreciendo diferentes posibilidades. Desde Nacho Vegas hasta Pollock, pasando por Annie B. Sweet. Sin embargo, lo que consiguió poner de acuerdo a una gran mayoría de los asistentes fue el concierto con el que Sonorama celebraba sus 20 años. Y la mejor manera de hacerlo, como todas las fiestas que se precien, es rodeado de amigos.

Mikel Izal, Ivan Ferreiro, Mikel Eretxun o Xoel López (entre otros) participaron en un ‘salpicón musical’ que caldeó el ambiente con temas que han sonado en el festival en las últimas dos décadas. Un concierto que terminaría con todos los miembros de esta superbanda coreando el “Que no” de ‘Deluxe’ . Un himno que hizo cantar a todo ser humano cercano al recinto, dicho sea de paso.
Algo que también logró alguien que alberga toda la chulería de este país y de parte de la Unión Europea. Hablo, claro, de Loquillo.
Poco o nada queda por decir de un histórico del Rock como es El Loco. Ninguna canción se quedo sin ser coreada por los miles que allí estaban. Eso define a la perfección como fue uno de los últimos conciertos de la gira del catalán, que lleva dos años yendo de punta a punta del país y que concluirá en septiembre.
En cuanto al concierto de Dorian, es mejor dejar por aquí el comunicado que ellos mismos emitieron:
Decíamos al principio que “el indie pasó de moda” en Sonorama. Esta, claro, es una verdad a medias, ya que sigue dando su apoyo a bandas emergentes. Sin embargo, como hemos visto, también hay figuras de primer orden. Entre ellas, la de Amaral. No era su primera visita al festival y se esperaba un concierto como el que fue: sin errores, sin fallar una nota, potente. Dudo que alguien quedase defraudado.
Y pasamos al que fue una de las revelaciones de la noche. Llegó el momento de cambiar el tono al festival y lo hizo de la mano de alguien que también ha estado en Aranda en varias ocasiones. Con una puesta en escena muy interesante, y rodeado de una banda muy numerosa, el tren procedente de Pan Bendito (Madrid) dejó salir a su vecino más ilustre: El Langui.
Uno de los concierto mas divertidos de todo el Sonorama. Divertidos, no por gustos personales, sino porque consiguió despegar del suelo a todo el que buscaba unos minutos de descanso. Un cierre redondo para los que, llegada la hora, decidimos marchar a casa.
Meta Sonorama
Dicen que el Sonorama es Aranda. Puede que tengan razón y, por eso, la organización se encarga de llevar a los músicos arandinos hasta un público diferente: el que llega de todas partes del país para disfrutar de la música y el ambiente del festival.
Entre los muchos escenarios que poblaban la ciudad, uno de ellos era el Castilla y León (otrora segundo escenario del recinto, por cierto). Instalado en el parque María Pachecho, fue uno de los lugares más eclécticos del Sonorama. Y sí, aquí incluyo todos los escenarios, desde el más pequeño al más grande. Fue un festival dentro del mismo.

The Wild Onion, con un rock compacto y potente, inauguraron un viernes que continuaría con el sonido de los peñafielenses Little Indian Rabbits. Acto seguido, Maldito Reloj arrancó los primeros coros del día en este escenario gracias, entre otras cosas, a una puesta en escena solvente y, claro, a los temas que incluye su primer disco.
La mañana concluyó con una marcianada deliciosa. Javier “el Meister” Vielba, voz de Arizona Baby, introdujo en el festival su proyecto en solitario.

Totalmente alejado de los ritmos a los que nos tiene acostumbrados, arrasó con frases como “En estos tiempos que corren, lo más punk es cantar jotas”. Por supuesto, acto seguido entonó una jota y, sorprendentemente, los asistentes la bailaron. Sonorama es contraste, de eso no hay ninguna duda.
Viaje con nosotros
Puede que la mañana del viernes se alargase, o puede que la sobremesa fuese potente. En cualquier caso, el menú de quien escribe no empezó hasta bien entrada la tarde. Y lo hizo con gancho.

Mientras Iván Ferreiro sonaba en el escenario principal, unos cuantos prefirieron quedarse con Jimmy Barnatán y los Cocooners. Potentes, divertidos y, sobre todo, alejados del resto de propuestas que sonaban en ese momento en el festival, el escenario Burgos fue testigo del nuevo paso de esta banda dentro del Sonorama. Recordemos que es la segunda vez que pisaban suelo arandino, tras su incursión en el escenario Desperados.
Con el eco de un Barnatán que evocaba a Gurruchaga en algunos momentos, llegaba el momento de viajar con Flamingo Tours.

Rhythm’n’blues y Rock de la mejor calidad en la cálida voz de Myriam Swanson. Si alguien pensaba que Sonorama era solo indie-pop, con ellos llegó la confirmación de que los 20 años del festival ofrecían propuestas para todos.
De los concierto de Leiva, Fangoria o Coque Malla no diré nada por dos motivos: no los vi y hay ríos de tinta sobre ellos.

Sí haré mención al concierto de Xoel López. No sólo porque anunció que “pronto habría novedades”, no. También sacó la artillería pesada y recorrió toda su carrera en el escenario en un día en que, además, era su cumpleaños.
Para cerrar el viernes, otro combo: SuperSkunk, Sobrinus y Yoghourt Daze.
Sábado Gigante
Si hubo un día en el que podía haber un programa totalmente alternativo, ese fue el sábado. Sí, el escenario de la Plaza del Trigo seguía allí. Y si, claro, hubo grandes sorpresas de las que, sin duda, ya habrás leído. Pero Sonorama ofrecía otras cosas igualmente potentes y, sobre todo, menos masificadas.
Empezar el día en el escenario Castilla y León garantiza una cosa: que lo que vas a escuchar es de la tierra. En esta ocasión, el sonido fresco de los Vaya Cuadro. Una propuesta rumbera que hizo bailar a los valientes que, desde primera hora, quisieron disfrutar de Aranda.

Poco después, y en el escenario instalado en el barrio de Santa Catalina, el paisaje diario de la Plaza del Obispo Acosta cambiaba totalmente.

Cientos de personas esperaban para escuchar a Second en un entorno que, pese a estar repleto de gente, permitía un mayor y mejor movimiento que el de la plaza del Trigo. Un concierto, este, en el que sonaron todos los éxitos de la banda y que gustó mucho tanto a los fans como a los bares de la zona .
La tarde se acercaba y, tras el descanso pertinente en el escenario Charco, nuestros pasos nos llevaron de nuevo al recinto. Justo antes de llegar, escuchamos de fondo ‘Viva Suecia’.
El Escenario Burgos fue, de lejos, el centro de todas las sorpresas del festival. Todos los estilos pasaron por allí y, de hecho, muchos no lograron despegarse del lugar debido a la calidad de los artistas que recibían a todo aquel que entrase en el recinto. A los guitarrazos y el swing de jornadas anteriores les esperaba la guinda que coronaría a esta zona del festival como la más potente de todas.
Unos ojos impresionantes esperaban para devorar el alma de los espectadores a golpe de movimientos imposibles, ritmos vibrantes y un mensaje: había que rendirse al Vudú.

Aurora & The Betrayers se metieron al personal en el bolsillo gracias a un concierto que, pese a la corta duración, fue más que suficiente para confirmar la potencia de una banda que rompe con todo lo que esperas de ellos.
Entre que tratas de llegar al escenario Ribera del Duero, saludas a unos y a otros, te tomas una cerveza y escuchas a ‘Delafé’, empieza el concierto de Santiago Auserón y los Sexy Sadie.

Clásicos, versiones y algún tema nuevo hicieron de este un concierto especial que, poco a poco, desperezaba al Sonorama a golpe de estribillos conocidos y, sobre todo, bailables.
Si encuentra algo mejor, cómprelo
El festival sigue su curso hasta que llega la noche y uno de los momentos más tensos de todo el Sonorama. Mucha gente abandona el concierto de ‘Ilegales’ para ver a un histórico del Rock en español. Medio festival mira al escenario Burgos porque allí va a estar el banquete de la noche para muchos. Puntual, de traje y con más energía que cualquier veinteañero, sube al escenario Enrique Villareal.

El Drogas empieza su concierto con una versión de aquel ‘Frío’, de Manolo Tena, para continuar con canciones de su último trabajo. En ese mismo momento, en el escenario principal se descubre, literalmente, el pastel: el concierto sorpresa de ese día sería el de Los Planetas. Parte del público decide entonces trasladarse hasta la entrada del recinto para ver al Drogas. Bien por la avalancha de gente, bien por la distribución de los escenarios o, tal vez, por la gran cantidad de público que en ese momento disfrutaba de temas clásicos de Barricada; se organizó entonces un cuello de botella que provoco la apertura fortuita de una de las salidas de emergencia a causa del tapón que se preparó. Una situación que, aunque terminó felizmente, sí debería poner sobre la mesa que o el recinto se queda pequeño o, como piden muchos sonorámicos, es hora de que Art de Troya se replantee el aforo.
Volviendo a lo musical, y tras el espectáculo del Drogas (con paseo entre el público incluido), el escenario Burgos se quedó con el protagonismo para todos aquellos que buscaban sorpresas potentes.
El año pasado sorprendieron a los que se pasaron por la plaza del Trigo. Este año, ascendiendo y entrando al recinto, los Kitai dieron espectáculo y sorpresas a golpe de guitarrazos.

Con un sonido brutal en la batería y el apoyo de un bajo hiperactivo (y que no fallaba una nota), coronaron una actuación en la que se desnudaron literalmente. Cubiertos solo por un calcetín, y tras conseguir que el público llevase en volandas no sólo al baterista, sino también a la batería, este fue uno de los conciertos más rompedores de la noche.
Dos opciones: ir a ver a Shinova o quedarse en el escenario Burgos y escuchar a Grises. No hubo dos sin tres.

La propuesta electrónica de este quinteto de Gipuzkoa mantuvo el nivel y consiguió retener al público y hacerlo saltar al ritmo de los dos trabajos que tienen en el mercado.
Campana y se acabó
Todo lo bueno tiene que terminar. Y tratándose de Sonorama Ribera, se esperaba un final apoteósico. Para un alto porcentaje de los asistentes, ese final fue el concierto homenaje a los andaluces Supersubmarina.

Lleno total en la plaza del Trigo. Todos los escenarios quedaron eclipsados por el más icónico del festival. Un concierto, emitido por Radio 3, en el que se corearon las canciones de uno de los conjuntos favoritos del festival, y a quienes se envió un sonoro aplauso a través de las ondas.
El 20º aniversario de Sonorama Ribera puso a saltar a miles de personas mientras miraba de reojo a la noche, donde Camela (uno de los anuncios más sorprendentes de la historia del festival) puso el punto y final a una semana de conciertos y actividades que dejó un razonable buen sabor de boca a los asistentes.
20 años no son nada, dice la canción. Pero sí es cierto que Art de Troya ha logrado superar con acierto la adolescencia de un festival que ha ido buscando su sitio hasta convertirse en lo que es hoy. Eso sí, a los 20 todos nos envalentonamos y, tal vez, sea momento de mirar hacia atrás antes de dar el siguiente paso y saber hacia dónde quiere ir. Hasta entonces, larga vida a Sonorama Ribera.
