Las encuestas en el PLD

Preludio del Final

Que un Partido político celebre encuestas en lugar de primarias es un síntoma de tiranía. En todo el territorio nacional y en ultramar se han hecho ensayos que han terminado en lo mismo que el caso de Santo Domingo Este. Los resultados podrán ser veraces, en uno que otro lugar; sin embargo, carecen de fuerza legitimadora por una razón elemental: la encuesta no es un instrumento de la democracia, es una herramienta estrictamente auxiliar –y a veces endeble– de las ciencias.

Sólo el voto tiene fuerza suficiente como para legitimar el escrutinio de la voluntad popular. De hecho, el voto en toda la humanidad es una conquista histórica y, en sociedades como las nuestras, en donde la libertad ha sido sitiada hasta tiempos muy recientes, votar debería ser no un deber sino un derecho fundamental. Sobretodo hoy cuando los políticos se empeñan en encontrar maneras y subterfugios legales para irrumpir en el sistema de representatividad democrática e instaurar procesos al margen de las voluntades mayoritarias de las comunidades.

Usar la encuesta, como soporte jurídico de un derecho constitucional como el de ser elegido es una aberración que quebranta toda la organización política en virtud de la cual se instaura la nación dominicana.
El Pre-candidato a Alcalde por Santo Domingo Este desconoce resultados de la Encuesta y denuncia crisis de información

Usar la encuesta, como soporte jurídico de un derecho constitucional como el de ser elegido es una aberración que quebranta toda la organización política en virtud de la cual se instaura la nación dominicana. De los artículos 2, 4 y 6 de la Constitución de la República emana un precepto incuestionable: el poder se ejerce por representación, y la representación se asigna y legitima mediante el voto.

El gran desquicio ha sido que los Partidos políticos entienden que la Constitución es una norma con inferior rango jurídico que las resoluciones de sus consejos, comités y cofradías. Un supuesto pragmatismo que está afilando el cuchillo para su propia garganta.

Usar encuestas para asignar puestos de representación y poder es además un indicio de la mentalidad comercial que se expande como epidemia en los partidos, y es el caso del PLD.

– ¿Quién será el candidato? Se preguntan los incumbidos.

«El más popular», se dicen, en el mejor de los casos. Eso parecería hasta justo pero, cuidado, porque la política no llega a parecerse tanto al comercio y a los mercados. El representante, antes de serlo, debe agotar un proceso comunicativo y de retroalimentación con sus comunidades; las cuales deben conocer sus propuestas, identificarse con ellas. Los ciudadanos deben, indefectiblemente, encontrar en el mensaje y la acción del representante, solución a los problemas de sus comunidades.

La encuesta no mide eso, sino quién es el más conocido para poder venderlo más fácil, no importa lo que pretenda hacer como detentador del poder, ni importa si representa a la comunidad o a un grupúsculo de poder que nada tiene que ver con la soberanía popular.

Siete Pre-Candidatas a Diputada de ultramar impugnan encuesta circunscripción uno.

Este proceder terminará destruyendo al PLD y a cualquier otro partido que siga la ruta de la des-democratización de las organizaciones políticas. ¿Por qué? Por otra razón elemental. La representatividad no se sustenta sobre percepciones o mediciones falibles, sino a partir de la decisión directa de la base de las sociedades, quienes manifiestan su voluntad. Esa voluntad popular solamente –hasta ahora– se determina mediante el voto, que podrá ser un papel y un carbón, o tinta; más adelante podrá ser digital y, hasta podría evolucionar aún más. Pero al final, el voto representa la manifestación de voluntad directa del ciudadano, no de una muestra de 900 incógnitos encuestados que, decidirían por miles y hasta cientos de miles de ciudadanos.

Como si todo esto fuera poco, ni los miembros del Partido, a pesar de que decidieron por nosotros, ni los pre-candidatos, a pesar de que fueron afectados o beneficiados, nadie, tiene el mínimo derecho a conocer los documentos técnicos de esas encuestas. Desde mi punto de vista, esto equivaldría a tomar las urnas por la fuerza, quemar los votos, y luego proclamar a un ganador.

Si el PLD no se revela con urgencia para instaurar e imponer nuevas reglas democráticas, y para exigir el cumplimiento del verdadero principio jurídico de sus procesos de elección: las Primarias internas, pronto el Partido fundado por Bosch, terminará –de terminar– igual que todos los demás. El Poder ya tiene fecha de caducidad.