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Alberto Cañas fue mi profesor hace 15 años y desde entonces lo considero el ‘original troll’: irrespetuoso, amargado, machista, burdo, falso y montado en un ola óptica de intelectualismo tan transparente como los ropajes del emperador. Retórica con patas y problemas de espalda; ni una de sus kilométricas siestas en media clase parecían auténticas. Falso profeta en su tierra. ¡Qué viva la leyenda!